31.12.08

Como tener un buen año

para un amigo, en esta "nochevieja".

En el diario de hoy puede leerse un titular que reza “La clave está en fijarse metas alcanzables”.

Metas alcanzables… El calificativo es excelente como guía de autoayuda pero ¿cómo saber de antemano lo que es alcanzable para uno?

Podría tomar tentativamente el lápiz y papel (si esta actividad fuera realmente meritoria de algo más que de un análisis mental) y escribir todo el poema erróneamente atribuido a Borges, titulado “Instantes”*: “cometería más errores... me relajaría más… tomaría muy pocas cosas con seriedad… Correría más riesgos, haría más viajes, contemplaría más atardeceres, subiría más montañas, nadaría más ríos, etc., etc.

La categoría de “metas alcanzables” puede hacerse muy extensa en relación a nuestro propio juicio de lo que es factible y lo que no. Ese juicio probablemente debería considerar lo que muchos analistas coinciden en señalar: que este ha sido el último año de “vacas gordas” para nuestro país, y que sufriremos los embates de la crisis global en 2009, cosa que lo asemeja a aquel 2002 que empezaba con una perspectiva poco alentadora en materia económica. Uno tiende a observar que el paso de los años hace muy poco por nosotros, física y anímicamente, y entiendo que la premisa de la publicación del diario, en general, sea ese “baby steps”, una concreción de los pequeños planes, para evitar la desazón del destino, para no hundirse en la desdicha de los planes frustrados.

Por otro lado, sería necio de mi parte contradecir las sesudas conclusiones de los economistas basándome solo en un irracional optimismo producto del cambio de calendario pero, afortunadamente, nunca he aprendido a hacer caso de los augurios (a veces para bien, otras quizá no tanto) y el nuevo año se presenta como un desafío renovado para una fe forjada en tiempos menos favorables en lo personal y en los que, no obstante, el entorno aun se daba buena vida.

A contramano de las recomendaciones creo que uno debe plantearse siempre los propósitos más altos, y desatender a los agoreros que poco han acertado en el pasado. William Faulkner proponía que “la sabiduría suprema es tener sueños bastante grandes para no perderlos de vista mientras se persiguen”. La mejor forma de afrontar el nuevo año debería abrazar los sueños que aun parecen lejanos, para mantener al menos el espíritu joven, y negar el desencanto de lo que no se ha logrado en el año, porque la ilusoria barrera temporal forma parte del mundo gris de esos mismos agoreros, de sus realidades aplastantes, sus recetas de autoayuda y sus “metas alcanzables”. Un hombre que supo expresar con mucha claridad esta idea fue el escritor J.R.R. Tolkien, para quien la fantasía podía conducir a una realidad profunda, a esa realidad que permanece escondida de los mediocres y cuya búsqueda supo resumir en boca de uno de sus personajes: se trata de la “esperanza de un necio”, ni más ni menos.

*El escrito original en el que se basa “Instantes” es de un cómico norteamericano y puede leerse en este vínculo.

23.12.08

Microrelato en escala de blues (y postdata navideña)

Transita el ruedo de la jornada, en la penumbra de la ciudad. Su paso se agiliza y su mente cabalga sobre estrellas. Su vista se pierde en el horizonte, pero no está meramente distraído; indaga en la lejanía respuesta para sus preguntas…

Tantos kilómetros recorridos, de aromas acumulados, y su efímero existir siente como nuevo, con la novedad de una melodía profunda que emerge de las entrañas de la oscuridad para iluminar los confines; los que está destinado a circundar eternamente, nuevamente convertido en viento y tierra.

Camina un poco más. Los minutos han sido breves. Su camino se extiende placenteramente porque hoy ha decidido ir un poco más allá.

PD: Aunque este año no hay post navideño (los lectores más nuevos pueden ver aquí, aquí y aquí), deseo acercarles mis buenos deseos para este tiempo y el nuevo año. El cese de mis letras no lo fue de mis lecturas.