12.11.06

¿Palabras al viento?

Las palabras son neciamente subestimadas, como si acaso no habitara en su esencia una parte del emisor, tejida en la ondulación de su sonido. Maltratadas inescrupulosamente, caen podridas desde la rama cuando, al compás del deseo animal de los hombres de espetar un sonido, su majestad es invocada para defenestrarla diciendo una vulgaridad.

Tal vez habría más cuidado de saber que un día, todo lo que se pronunció en alguna oportunidad, estará registrado y almacenado. Aunque no sé si sea en esta vida o en otra, estoy seguro que las palabras serán reivindicadas. Hasta la conversación más trivial, pasando por los secretos más recónditos y las conspiraciones más grandes, todo estará recuperado en un archivo cósmico, fascinante e implacable al mismo tiempo.

No estamos muy lejos del día en que todo el material escrito en nuestro poder pase a tener su respaldo digital, y así también en algún futuro, cada piedra, cada muro devolverá los diálogos que presenció y rendirá el sonido atrapado por su masa. Y los testigos otrora silenciosos servirán justicia. Entonces habrá muchas vergüenzas, y caerán los ídolos. Algún alma será recordada y muchos nombres limpiados. Con nuestra propia voz, estos objetos contarán historias completas de vida, y quizás entonces rían de alguna ingeniosidad, comenten a los gritos una incoherencia o repitan un verso enamorado en tono de susurro.

Si, las palabras son eternas. Pueden crear y dar aliento de vida, como también son capaces de herir y destruir. Su incorporeidad no debe confundirnos ya que nos sobrevivirán ampliamente.