21.10.07

Apolítico

No es lo mismo la llamada “apatía política” que se vive hoy y la condición apolítica. Aristóteles ya se encargaba de señalar que el hombre es un animal político. Podríamos decir que nadie que se considere a sí mismo “apolítico” puede ignorar que existe la política, como si fuese una planta o formara parte del material inerte del universo.

La apatía en cambio es un sentimiento de dejadez, que en este caso experimenta la sociedad por el continuo desencanto que sufre de parte de sus representantes. Podría pensarse “¿Qué es más apolítico que el sector indeciso del electorado?”, pero la masa juega un rol importantísimo en los cálculos electorales y no debe confundirnos su falta de identificación. Puede que la masa no encuentre a su referente político pero este siempre se encarga de acogerla (Por ejemplo, hace exactamente 3 años, en pleno fervor K, una encuesta de Clarín mostraba que la mayoría de la población se considera de “centroizquierda”. Sería interesante ver cuánto ha cambiado esa inclinación con el tema de la acentuada delincuencia e inseguridad). Menos apolíticas aun son las pretensiones de abolición del capital y del Estado de marxistas y anarquistas.

Por ello, hasta hoy, lo más cercano que me he sentido de ser “ajeno a la política” es comprender que las revoluciones son dolorosas y muchas veces desproporcionadas al cambio que producen. Que no me interesa cambiar las formas del Estado ni la estructura de poderes pese a lo mucho que detesto la democracia, esa palabrita complaciente que es capaz de usar tanto la derecha como la izquierda y aún el anarquismo cuando habla de “democracia directa”. Confiar en la conducción del pueblo sería tan necio como actualmente lo es confiar en la conducción de los “representantes del pueblo”.

En este punto quizás los lectores imaginen que no votaré en las elecciones para presidente del domingo que viene. Y no se equivocan, pero se debe a un asunto personal que espero solucionar hasta las próximas elecciones (o hasta el ballotage, lo que suceda primero) de seguir viviendo donde vivo.

Lo que he querido designar como “apolítica” no implica ser indiferente a la realidad (y la realidad ahora brinda una millonésima de responsabilidad que, según mi código de vida, no debe ser desperdiciada), sino indiferente a las tenues nociones existentes en la sociedad sobre la política, que terminan dividiendo en izquierda o derecha. Omitiendo la irrealidad de un “centro”, ambas posturas tienen elementos destacables y un tiempo para manifestarse. Es lamentable que la gente pase de un “no me interesa la política” (que como decía, favorece al oportunista de turno) a la adopción incondicional e irracional de una ideología.

Pese a que en esta ocasión deberé abstenerme del voto, no perdí la oportunidad de transmitir mi sentir a mis cercanos. Opciones, pese a la tímida campaña realizada, hay. Tenemos izquierdas para elegir en matices, alternativas de centroizquierda y oposición de centroderecha.

Lo único que debería tenerse muy en cuenta es que no debemos seguir alimentando monstruos como se hizo hasta hoy con los Kirchner. Hace un par de años escribía sobre la primera mitad del mandato de Néstor Kirchner y al día de hoy mi postura hacia este individuo no ha cambiado, y no solo suma desaciertos sino casos de corrupción y mentira sistemática. Hace rato que el electorado dice estar resignado a elegir al menor entre dos males (como hicimos en Tucumán con Alperovich, donde visto de manera práctica, pareciera no haber más alternativa) justificándolo con el hecho de haber realizado obras visibles para la provincia. En esta ocasión estoy convencido que hay “males menores” que Cristina Kirchner, la que promete más manipulación de los medios, rencor pseudoprogresista, corrupción y mentiras.

No voy a otorgarle más espacio en este posteo a los Kirchner. Mi intención es dejar en claro que no avalo la postura fría y autodestructiva de quienes dicen no interesarse en la política y de quienes votan a Bob Marley o Clemente. Aquí es donde hago mi diferencia entre apolítica o apartidismo y apatía electoral. Mientras el apartidismo es producto de la reflexión y provoca acciones en el ser, la otra es un vulgar producto de la desidia, la ignorancia y es potencialmente perjudicial para la sociedad (prueba clara de ello es que en medio de esta modorra las encuestas indican que Cristina gana en primera vuelta).

Para cerrar el desahogo de mi desazón ante este panorama y ante tantos que, cuando les digo que en esta ocasión no voto me dicen “¡qué suerte!”, les dejo un video de Little Feat, en su primera época junto a Lowell George y con Mick Taylor (miembro de los Rollings Stones en sus mejores años) como invitado especial. El tema para la ocasión: “Apolitical blues”.

video

14.10.07

La última mañana del invierno

Segundo había sido en realidad el primero en llegar a este mundo, pero nadie se enteraría jamás de esto desde el momento en que la partera, por error, le concediera ese honor a su hermano.

Su carácter complaciente posiblemente haya estado vinculado a este hecho, dispuesto siempre a relegarse, a preferir al otro y dar un paso al costado de ser necesario, o quizá un rasgo incipiente de su temperamento se encargara de convencer a todos que era efectivamente el menor, refrendando esta idea con su actitud a través de los años.

Vivir a la sombra de los demás nunca lo hizo infeliz en forma alguna. Estaba agradecido de no haber sufrido el desagradable bochorno de ser el mejor de su escuela, de no haber participado en cuanta competencia surgía y por las que su hermano, en cambio, se desvivía. Se había sentido aliviado también de no tener que seguir el negocio de la familia, que con el tiempo llegó a considerar como una actividad laboral segura pero que desde siempre le sabía tediosa, considerándola desmesuradamente pesada para su espíritu.

Le hubiera gustado, en cambio, pasar más tiempo en la terraza, encontrando formas en las nubes y figuras en los edificios que le tapaban el horizonte. Figuras esbeltas y rígidas que trataban de estrechar la mano de las que pasaban volando, dejando estelas rosáceas y amarillentas, perfectas, suaves, transparentes. No deseaba pintarlas, no quería describirlas con palabras ni capturarlas en una foto. No se sentía capaz de hacerlo con justicia, y tan solo deseaba que el espectáculo no fuese tan efímero, que la magia de esos minutos pudiera hacer frente a los sonidos de la ciudad que despertaba y los obligara a retroceder.

Una mañana, persiguiendo espectros del sonido, fantasmas audibles que rellenan cada intersticio del universo, Segundo penetró en el parque hasta un lugar inaccesible a la orquesta urbana.

Se había levantado muy temprano como de costumbre y había salido sin despertar a nadie. Corriendo en medio de filosas transmisiones mal sintonizadas, ruedas friccionando el asfalto y motores martillando el aire con pequeñas estocadas laterales se adentró en un remanso de tierra húmeda y silencio, de verde limpio y profundo que asomaba con remozada faz a un cielo que no quería despertar aún y con gesto somnoliento le sonreía, lo invitaba a subir y contemplar desde su lecho a las agitadas hormigas bajo su colchón, en el repetitivo ejercicio de vivir para ser alguien entre quienes no son nadie. Había contado los milenios desde la última vez que observó ese trajín en compañía de alguien que no fueran las vanidosas nubes indiferentes que lo hipnotizaban para no amanecer… Sería el primero en mucho tiempo en tener tal privilegio.

Por breves segundos lo único que Segundo sintió fue una quemadura fría en su espalda que ascendía hacia su cuello, un metálico sabor en su saliva y una mano intrusa que buscaba algo en sus bolsillos. Sin terminar de comprender que también se iría de este mundo antes que su hermano, ascendía feliz para despertar al cielo.

etiquetas y retorno a la “blogósfera”

Con un poco de tiempo el día de hoy decidí desempolvar este desamparado espacio. Cuando Blogger aún no tenía etiquetas no había cosa que deseara más que poder armar categorías para lo que escribía… finalmente, cuando este estrenó su sistema y me incitaba con “libere al bibliotecario que lleva adentro” me parecía una tarea imposible etiquetar mis entradas viejas. No porque fueran muchas (incluso hoy no son tantas), si no porque no encontraba las adecuadas divisiones para las mismas.

Por otro lado este espacio ya no guardaba solamente letras improvisadas, así que crear una categoría llamada “cuentos”, por ejemplo, me parecía un tanto contradictorio. Decidí dejar mi acostumbrado “desorden” como estaba, hasta que hace unos días volví a enumerar mentalmente las ventajas de la categorización.

Ahora, nuevamente frente a la computadora, no recuerdo ninguna de ellas y mucho menos tengo un plan para organizar esto, pero estoy decidido a hacerlo de una vez por todas. Algunas cosas no están pensadas para caber en ningún lugar y sencillamente quedarán así, no me gustaría generar más categorías que entradas. Solo espero que esto sirva al lector y navegante a encontrar lo que le interese más en este espacio y comprobar quizá que las mismas ideas se repiten en el tiempo y solo nosotros cambiamos nuestro lugar y punto de vista. Y a veces ni siquiera esto.