5.7.08

RE-PLUGGED


En estos días me encuentro enfermo, en cama, y paradójicamente un tanto más conectado al mundo. En este impasse, pude encontrar en La Gaceta una denuncia anónima sobre la tala de unos árboles en la facultad de Filosofía y Letras. No es la primera vez que manifiesto mi preocupación por los arboles que conforman el paisaje urbano de esta ciudad, llamada el “Jardín de la República”. He escrito al mismo diario aunque no soy asiduo escritor ni lector de la sección de “Cartas al Director” porque es la sección favorita de muchos lectores para manifestar su inconformidad con alguna situación. Lamentablemente la perdida de arboles en la ciudad es, además de producto del descuido de Espacios Verdes de la municipalidad y de la impericia de sus autoridades, una consecuencia desgraciada del poco afecto que tenemos los demás al árbol en nuestra ciudad, ese compañero verde que crece sin esfuerzo, allá donde Dios y la naturaleza le dan una faja de esta fecunda tierra. Por este motivo me llama la atención mucho más poderosamente que tantos se hayan juntado a sacar fotos y protestar ante lo que es necesario para el asiento humano. ¿Pensarán estas caritativas almas que los espacios que habitan siempre fueron una llanura absolutamente desértica en la que nosotros hicimos el favor de implantarnos? Me parece más importante que los proyectos se realicen completos, y hoy, cualquier intervención en el ambiente debería traer la reacción adecuada: una reforestación, una compensación del impacto producido. Y no como lo hace Espacios Verdes, con naranjos bajos y frágiles que podrán decir mucho de nuestra identidad (aunque la misma Presidente de la Nación los confunda con los descomunales limones que también se producen en esta amable tierra), pero padecen la polución de la ciudad y resultan ineficientes para proteger del asoleamiento veraniego. Aunque carezco de acción y responsabilidad sobre la ejecución del proyecto de filosofía, que ya es propiedad de la Universidad –quienes me han solicitado que deshabilite el video en tanto la construcción no esté terminada- me comprometo, como individuo a acompañar cualquier acción particular tendiente a la reposición de estos árboles, si es que existe verdadera voluntad entre tantos testigos indignados por un evento necesario. Y si la Universidad cumple su parte y también repone los ejemplares derribados, como ha sido su compromiso ¡Cuanto mejor!

A quienes han comentado en el video, muchas gracias por sus palabras, saben muy bien cuanto las aprecio. A los anónimos, también gracias por tomarse el tiempo, yo también deseo de corazón que este proyecto se termine y sea una respuesta eficiente a lo que se necesita para esa facultad hoy. Un proyecto es como un hijo para quien lo concibe, lleva tanto tiempo en ser elaborado que uno no puede sino esperar que sea lo mejor y que sea apreciado por quienes van a vivirlo. A todos, saludos, quedo a su disposición.