30.1.06

Desde su espacio...

...Lacosteant nos convida un precioso relato "para esas horas en que nos embarga el desaliento por temor al fracaso..."

¡Muchas gracias por las palabras buenas en los momentos dificiles!

26.1.06

impresiones erráticas

El gigante se alza imponente desde el piso y aunque no me dirige la mirada puedo adivinar lo que su altiva cabeza y su infinito conocimiento quieren decirme. Ha ganado una vez más la batalla. Año tras año sucede lo mismo, cuando decido fatigar sus rincones y ávidamente empiezo a recorrerlos, puedo anticipar que el tiempo es insuficiente y aún así me entrego a la tarea interminable...

Pero así como el saber que contiene; mi curiosidad y persistencia también son infinitas y cada vez me encuentro un poco más cerca de mi victoria, cuando haya alcanzado todos los volúmenes de la enorme herencia que alberga. La conquista habrá terminado y mi adversario pasará entonces a ser mi mejor aliado.

10.1.06

Lo Actual De Una Antigua Maldad

Tony: Después de un largo tiempo, un aporte que es un reconocimiento a tu labor, a la de tantos amigos como Topacio, El Utopista y tantos otros (aún el inefable Podeti) que deleitan nuestros ojos y nuestra mente con inspiradas y laboriosas plumas.

Se aprecia una especie de moda que, en aras de una mal entendida sinceridad y de una total franqueza, induce a muchos de los que expresan opinión verbal o escrita (con independencia del tema) en el sentido de poner poca o ninguna consideración en la forma y en los términos empleados para dirigirse a su interlocutor, sea éste un habitual coincidente, sea un ocasional adversario o sea tan solo el casual visitante que desprevenido llega al lugar donde será agraviado por esta malhadada moda.

Para información (y desencanto) de aquellos que piensan que de esta manera “hacen punta” en un estilo evolucionado y novedoso, es necesario decirles que esto es solo un recrudecimiento y una lógica consecuencia de ese resentido desprecio que tienen por aquello que habiendo codiciado, no pudieron alcanzar. Ciertamente, porque al no poder embellecer la expresión, al ver tan fuera de su alcance la forma fluida, elegante e inteligente de la palabra bien dicha y bien concebida se opta por rebajarla, por envilecerla, por oscurecerla... ¡Vano intento de desvirtuar el sublime don que nos diferencia del resto de las criaturas!

Es triste ver con que diligencia se abocan a verter palabras descomedidas y groseras sobre temas que deben tratarse con mesura, serenidad y grandeza de espíritu; no existe acontecimiento o situación que por su contenido de solemnidad, o ternura, o tragedia pueda ponerse fuera del alcance de estos por momentos coléricos críticos o desenfadados y lastimosos bufones. Parece que su propia ignorancia los lleva a no reconocer el límite que divide lo esencial de lo accesorio y lo jocoso de lo penoso.

Sin embargo, la esperanza está en aquellos que con valiente actitud y tesonero esfuerzo buscan dar su correspondiente lugar a la palabra que eleva el espíritu, a la que permite viajar a maravillosos lugares gracias a la preciosa descripción de formas y sensaciones, a la que nos regocija con sagaz humor sin necesidad del recurso fácil y vulgar; a estos artistas, artesanos, obreros de la palabra el justo reconocimiento y el homenaje sincero de los que nos deleitamos con su obra, pues su labor es el actual baluarte que se erige contra esa antigua maldad de los que buscan la destrucción de la expresión meditada, estudiada, elaborada, trabajada, trabajada como se trabaja una preciosa gema, gema que luego se luce para solaz propio y de los que la saben apreciar.

8.1.06

Ola de calor

El calor corrompe las ideas esta mañana. Solo habían pasado un par de minutos desde que abrí los ojos y aún seguía tendido en la cama.

Me acosaba una cefalea desde la noche anterior y ahora mis esperanzas de que el sueño la disipara se habían esfumado. Concentrando mis primeras fuerzas, levantando el cuello de la almohada procedí a comprobar que el torturador seguía conmigo… Un ligero sacudón de la cabeza confirmó la sospecha y mi cabeza volvía pesadamente a su lugar. Este clima, pensaba para mis adentros, le puede arruinar la salud a cualquiera… sabía sin embargo que no era la temperatura la única responsable de los frecuentes dolores de cabeza, ya que este sumado a mi empecinamiento en no usar los anteojos recetados, me producían el cansancio que experimentaba. Entonces opté por ignorar estoicamente la molestia –¡como si fuera posible!- y me incorporé en una sola acción de la cama. Sorprendentemente aquel dolor parecía menguar al tiempo que se trasladaba a mis hombros, para desaparecer finalmente.

Eran cerca de las 11 y recordé que el dolor de cabeza no era del día anterior… a medida que ordenaba mi realidad, desterradas ya las imágenes del sueño, me di cuenta que el dolor solo había existido en mi fantasía onírica. “¡Que calor maldito!”- pensé en voz alta. La sensación de no haber descansado, de haber pasado una noche miserable se debía a la incomoda posición que había adoptado a causa de la humedad que ya era insoportable para aquella hora. Repasaba mentalmente las soluciones arquitectónicas que en algún momento había considerado para mejorar el confort de mi caluroso hogar, las que había desechado ante la más sencilla solución que dan los equipos de aire acondicionado, sin reparar en ese momento que no podría vivir permanentemente en un clima artificial. “En casa de herrero…” No me gustan las frases armadas, pero no pude evitar sonreírme al comprobar la veracidad del dicho aplicado a mi caso.

Un café bien caliente –porque es la única forma de tomarlo- me esperaba listo sobre la mesa, mientras desarmaba el diario para acometer una veloz lectura sobre el mismo. No tenía ganas de esforzar mucho mis ojos en ese momento y todo era parte de una costumbre que había adquirido de organizar mentalmente mi día mientras leía los titulares.

Sin brindarle mayor importancia a nada leía de corrido cada página, con la misma expresión –supongo yo- en el rostro a medida que pasaba las hojas… política, economía, manifestaciones, el salario mínimo –debo cobrar hoy ese trabajo o puedo irme olvidando de encontrar al tipo- actualidad, internacionales – ¡ayer tenía que llamar por teléfono a mi familia! ¡Que descuido!- la universidad dicta talleres de verano –afortunadamente no tengo que ir al campus en este calor, aunque ciertamente es mejor estar ahí que en el centro de la ciudad- espectáculos, entretenimiento –hoy se pueden retirar las entradas para la obra y hay que devolver las películas que alquilamos ayer- ¡las tiras cómicas! aquí si me detengo, que bueno que el humor no tiene fecha de caducidad… El resto del diario es mayormente literatura hecha para ser descartada, el día pasa y ya no sirve (y ya había pasado casi medio día). Finalmente el pronóstico del clima. Una ola de calor, se esperan temperaturas de hasta 40ºC para estos días… Habrá que pensar en dormir con el aire acondicionado aunque se arriesgue la salud, a menos que llueva esta tarde y permita un poco de descanso. Miro por la ventana hacia el fondo y el brillo blanquecino que reflejan las hojas de los árboles me anticipa que el cielo no tiene ni una nube. Cierro los ojos y exhalo un resoplido. “Ojalá que llueva”, me repito un poco menos convencido, mientras pienso que los valles son un buen destino para refugiarse por unos días de la inclemencia de este tórrido Enero.

Aclaraciones: La imagen de la cabecera es un trabajo de la artista Linda Bucklin y forma parte de su galería de fractales. El sol que se observa al pie… no sé de donde lo saqué. Simplemente estaba en mi computadora y refleja muy bien el cielo de Tucumán en estos días. Aprovechando el tiempo de vacaciones que me queda, estaré ausente unos días (todavía no se cuantos). ¡Saludos y buen Enero a todos!