24.12.06

Saludo de Fin de Año


Al tiempo que este weblog cumple 2 años en línea, deseo hacer llegar a todos mis saludos por este medio. He tenido la fortuna de intercambiar muchas ideas y valiosas conversaciones a partir de esta página. Hoy, 24 de diciembre, algunos de Uds. celebran estas fiestas de forma religiosa o con una visión laica, difundida por todo el mundo globalizado; otros tantos recuerdan en estas mismas fechas diferentes acontecimientos, y otros más, simplemente se toman el día libre. Finalmente algunos (y me incluyo aquí) nos hemos visto por momentos en un lugar u otro de los mencionados anteriormente, así que levanto la copa con Uds. y saludo:

· Por una etapa cumplida (y con buenos deseos para la que se inicia).

· Por el Solsticio (de invierno para los que están “allá”, de verano para los que estamos un poco más “acá”)

· Por los hitos del calendario.

· Por el momento para la familia o la reflexión.

· Por lo bueno y malo acontecido, necesario para un equilibrio.

Y en esta continua búsqueda del crecimiento personal, que en el nuevo año nuestros pasos nos conduzcan a la Verdad.

¡Bendiciones a todos!

5.12.06

Una historia personal de telecomunicaciones

En cualquier período de la Historia de la humanidad, las comunicaciones han cumplido un rol fundamental en las sociedades. Hoy el mundo y nuestros sistemas parecen insostenibles sin la tecnología en comunicaciones que lleva menos de medio siglo entre nosotros.

Aunque con un cierto retraso y un importante valor agregado, los adelantos en comunicaciones eventualmente llegan a este tercer mundo. Tenemos redes y comunicaciones satelitales que nos proveen conexión con el resto del mundo. Contamos con teléfonos, Internet y terminales celulares disponibles para la población de poder adquisitivo medio, casi como en cualquier otro lugar del mundo desarrollado. Pero el “casi” tiene un peso muy importante a la hora de hacer una comparación real.

Unas cuantas observaciones personales al respecto. Hace seis años, viajando por Bolivia conocía lo que ya era estándar en comunicaciones celulares en Europa: la tecnología GSM. Por entonces adquirir un celular en Bolivia para traerlo a Argentina era inútil, ya que en el país aun no se contaba con esta tecnología. Solo tiempo después su implementación se hizo efectiva, primero en algunas provincias (las de mayor afluencia turística) y posteriormente en todo el país.

Por entonces, las conexiones de “banda ancha” a Internet también eran escasas, debido a su costo prohibitivo para la clase media que atravesaba la mayor crisis económica del país. Un par de años después y con la llegada de costos más accesibles tuve la posibilidad de contar con este servicio en mi domicilio, que ha facilitado mucho mi trabajo, pero también ha traído sus inconvenientes.

En principio, el servicio funcionó aceptablemente, pero al poco tiempo, Telecom, una de las dos grandes empresas que nuclean las telecomunicaciones en Argentina, y la única disponible entonces en esta región, decidió poner un límite ridículo al volumen de transferencia de datos para los usuarios de ADSL. Luego de una serie de reclamos, la idea de lucrar con el “excedente” inevitable no prosperó.

Hoy Arnet, el proveedor de servicios de Internet de Telecom, hace atractivas ofertas que parecen muy lejanas a aquellos conflictos. Además de regalar el dispositivo necesario para la conexión a banda ancha, hace un descuento importantísimo en los 3 primeros meses. De esta forma, en los dos últimos años ha habido un aumento muy importante en la cantidad de usuarios de ADSL, pero sin embargo, este crecimiento no ve su reflejo en mejoras por parte de las prestadoras. Quienes originalmente nos conectábamos a una velocidad de 512Kbps hoy tenemos un servicio de 2.4Mbps (cuatro veces superior), sin embargo, la velocidad real de conexión no siempre es esta. Se trata del servicio más costoso en el país mientras, por ejemplo en Inglaterra, se puede conseguir casi por la mitad del mismo precio una conexión diez veces más rápida (sin establecer una comparación de lo que significa en términos relativos ese precio en Europa y en América)

En proveedores de Internet (ISP) es posible optar por otras compañías además de Arnet, que brinda el servicio más económico pero menos confiable. Pero de cualquier manera, todos dependemos inevitablemente de Telecom. En los últimos 15 días, el servicio de banda ancha para todos los proveedores cayó tres veces por varias horas, y el primero afectó una jornada completa. Es impensable que el corte de un cable deje sin Internet a una región del país en cualquier momento pero los servicios de telecomunicaciones siempre se caracterizaron por este tipo de eventualidades, debido al monopolio de los mismos ejercido por Telecom y Telefónica, la primera en el norte y la segunda en el sur del país. Pedir una línea telefónica fija, aún en los primeros años de la década del 90, era comenzar una odisea nada económica que podía extenderse por años (literalmente), y durante la cual dejar la casa sola podía significar que el instalador no encuentre a nadie y posponga su visita a un futuro directamente proporcional a nuestra ansiedad por ocupar esa superficie sobre la mesita de la sala que ya comenzaba a resultar fatigoso limpiar de polvo.

Para terminar, la cereza del postre: mientras escribo esto, luego de haberme negado a abandonar por mucho tiempo mi celular por uno más nuevo y de tecnología GSM (y a menos de un mes de haber realizado el cambio convencido por los insistentes llamados de la compañía que quiso hacerme sentir cuan “old fashion” era mi terminal que iba para los cinco años de fiel servicio), la pantalla del nuevo aparato señala la caída del sistema con el mensaje: “Sólo emergencias”.

¿…será tiempo de probar con telepatía?

(*)Imagen: Alexander Graham Bell hablando por teléfono [TONY]

12.11.06

¿Palabras al viento?

Las palabras son neciamente subestimadas, como si acaso no habitara en su esencia una parte del emisor, tejida en la ondulación de su sonido. Maltratadas inescrupulosamente, caen podridas desde la rama cuando, al compás del deseo animal de los hombres de espetar un sonido, su majestad es invocada para defenestrarla diciendo una vulgaridad.

Tal vez habría más cuidado de saber que un día, todo lo que se pronunció en alguna oportunidad, estará registrado y almacenado. Aunque no sé si sea en esta vida o en otra, estoy seguro que las palabras serán reivindicadas. Hasta la conversación más trivial, pasando por los secretos más recónditos y las conspiraciones más grandes, todo estará recuperado en un archivo cósmico, fascinante e implacable al mismo tiempo.

No estamos muy lejos del día en que todo el material escrito en nuestro poder pase a tener su respaldo digital, y así también en algún futuro, cada piedra, cada muro devolverá los diálogos que presenció y rendirá el sonido atrapado por su masa. Y los testigos otrora silenciosos servirán justicia. Entonces habrá muchas vergüenzas, y caerán los ídolos. Algún alma será recordada y muchos nombres limpiados. Con nuestra propia voz, estos objetos contarán historias completas de vida, y quizás entonces rían de alguna ingeniosidad, comenten a los gritos una incoherencia o repitan un verso enamorado en tono de susurro.

Si, las palabras son eternas. Pueden crear y dar aliento de vida, como también son capaces de herir y destruir. Su incorporeidad no debe confundirnos ya que nos sobrevivirán ampliamente.

31.10.06

IIII (¡cuatro?)

Visitando mi propio weblog, me quedé observando el reloj de la figura en la entrada anterior. Aquellos relojes analógicos siempre me fueron objeto de fascinación –funcional y simbólica- uniendo en ellos la perfección técnica y un antiguo deseo de dominar al tiempo, aunque más no sea controlando su marcha. Paradójicamente, y aunque tengo varios de pulsera, habitualmente no llevo ninguno en la muñeca porque en seguida me fastidian y terminan sobre la mesa de trabajo o en un bolsillo.

En una temprana infancia, mis primeras nociones de lo que era un número romano vinieron de haber observado los símbolos que indicaban la hora en un antiguo reloj de madera. El reloj de aire clásico, pesas y péndulo tenía una esfera donde se destacaban los números que llevaba adosados. Cuando en la escuela daban las reglas básicas para la formación de cantidades en notación romana, el tema me llamó mucho la atención por resultarme conocidas aquellas cifras, largamente observadas. Pero pronto una confrontación con lo que aprendía me llevó a mirar diferente a aquel querido reloj. En aquel momento, mis cercanos no pudieron darme una explicación satisfactoria para esto que me parecía ser un error a todas luces (como quizás yo tampoco podría darla ahora). Al final, aceptaría sencillamente que se trataba de un error, porque se oponía a la lógica más básica dictada en la educación elemental.

¿Por qué está ahí (sobre la esfera del reloj) “IIII” en lugar de “IV”? preguntaba. Lo que en principio había pensado error exclusivo del artífice de “mi” reloj, también se repetía decepcionantemente en otros relojes antiguos. Una primera explicación considerada mucho tiempo después fue que el innegable defecto de numeración fuese parte de una moda descuidada, originada en algún país sin raíces latinas, y hoy aquellas máquinas que se habían impuesto al tiempo y ganado el respeto de las personas no podían ser cuestionadas por una simple cuestión de notación, que además resultaba comprensible. Es más intuitivo sumar cuatro elementos que imaginar la sustracción de uno de ellos al siguiente. Pero el concepto de la resta romana está presente en cualquier reloj en el número nueve y puede respaldarse con la forma de leer los números en Latín (que curiosamente es como también leemos la hora en estos relojes: “quince para las tres”, “doce menos veinte”).

Ayer, recordando esto después de mucho tiempo, decidí iniciar una “extensa” investigación (considerando lo extensa que puede ser la Internet, cuya credibilidad es directamente proporcional a la cantidad de citas reales y verificables e inversamente proporcional a la cantidad de versiones y postulados diferentes que sobre el mismo tema se presentan).

Resultó ser una discusión muy popular, de la que nunca me había enterado hasta ahora (puedo olvidar hacerme merecedor de un premio a la originalidad). Algunos alegatos usuales a continuación:

- El “IIII” brinda un equilibrio visual respecto al eje vertical de la esfera con el número “VIII”, convirtiéndose de ser cierta, en la más antigua referencia que tenga de la primacía de los criterios estéticos en el diseño de un objeto frente a las convenciones habituales, al menos de una forma tan llamativa y con una aceptación tan generalizada.

- Otra idea nos indica que para los romanos era indistinto usar el “IIII” como el “IV” y aún otras formas como “IIX” para el ocho, formas que perderían validez a partir del Renacimiento. Aunque no del todo improbable, hacen falta referencias concretas a algún uso de este tipo por los antiguos romanos. De cualquier forma, no se explica porque a partir de la “canonización” de un uso determinado, el uso del “IIII” aún es notablemente amplio.

- Una teoría más indica que el uso de IV evocaba a Júpiter. Por motivos demasiado extensos de exponer aquí, esta idea me parece la menos probable.

- Muchos (demasiados) relatos de reyes que preferían una forma frente a la otra, e impusieron su parecer, sin embargo presentan más características de leyendas que de relatos de rigor histórico y tampoco explican la amplia aplicación de su criterio, y la mayoría resultan anacrónicos.

- Finalmente, me entero de otras “licencias” en el uso de la notación romana, en este caso señalando el año de construcción de un edificio de principios de siglo XX.

Considerando la aparente informalidad en el uso de estos números en los siglos precedentes, me inclino por lo que a mi juicio es la posibilidad más racional desde el punto de vista económico y práctico: el uso del “IIII” permitía cubrir el espectro de caracteres necesarios con veinte símbolos “I”, cuatro “X” y cuatro “V”. Entonces, los símbolos moldeados en bronce requerían un molde del tipo “XIIIIIV” para sacar en cuatro fundiciones un repertorio completo de símbolos. Quizás para probar esta teoría bastaría con encontrar alguno de estos supuestos moldes. Otra curiosidad, asociada al ritmo de la colocación de estos símbolos alrededor del círculo y a la estética final del reloj, es que los números del 1 al 4 sólo contendrían “I”, del 5 al 8 solamente “I” y “V”, y del 9 al 12 los restantes “I” y “X”; brindándole un agradable orden a la composición.

No más observaciones triviales por hoy.

“Siempre es hora para no hacer nada”

(*)Imagen: Reloj de sol en Saint Rémy de Provence, tomado de Wikipedia.

27.10.06

Hora (minutos más, minutos menos)


Mediodía. Una palabra y dos intenciones rasgadas. Muy temprano para almorzar, muy tarde para desayunar. El coordinador de ambas actividades parece no haber despertado aún, pero el ritual para empezar el día es el de cualquier otra mañana (aunque esta haya pasado ya en rigor). Café, periódico y radio. Todo en uno, ninguno con especial atención.

Ahora, cuarto de hora para las doce, según el reloj del horno microondas… Un momento surrealista contrapuesto a dos realidades contundentes: Si el tiempo volviese atrás, no lo haría por la nimiedad de quince minutos; y dos, los despertadores digitales no se reprograman solos tras un corte de energía. Si, probablemente sea un sabotaje del inconciente. Encontrarse tontamente ingenuo en la íntima soledad resulta una sensación divertida y hasta festejada, pero nunca se desea repetirla. A fin de cuentas, no deja de ser una afrenta contra la autoestima.

Diez minutos ya. Tanda comercial en la radio y dos melodías cruzan la taza y los oídos. Se asoman recuerdos de reuniones de camaradería y del momento en que, liquidados los temas populares y muy avanzada la hora, repetíamos los “jingles” de la radio acompañados de una guitarra. Ese ánimo llevaría hace años a unos amigos a finalizar la presentación de su grupo con la melodía y letras de una conocida publicidad radial, y que el público acogería con aplausos. Un homenaje para esas melodías poco estimadas y que son señaladores en las páginas de la rutina. A medida que cambian los hábitos, programas, emisoras y anunciantes, en el acostumbrado despertar, marcan hitos que podrían señalarse en una línea del tiempo, puntos de concurrencia para la memoria tras los conocidos fraseos.

…por otra parte, los “jingles” de esta hora suenan extraños y agresivos. Son diametralmente opuestos a los de las 6 de la mañana, lo cual a su vez, es perfectamente lógico en cualquier reloj de agujas.

Sin el tiempo a la vista, una ventana abierta en el monitor y sobre la mesa vaporiza la segunda taza de café (ahora sólo, más caliente, menos dulce). Suena un “Bach africano” de fondo, y pienso en la criatura que atemorizaba a Rick Wakeman durante las noches, entre sonidos recurrentes y acosadores. En la pantalla, las casillas de correo acercan publicidades y más tarea. Si no fuera por las letras amables, que afortunadamente no faltan entre otros mensajes que gritan su contenido, sería preferible perder la clave de ingreso. He's living in part of your brain, with sounds that you'll never explain… Remember his name, it's African Bach. Nada tiene mucho sentido hasta escuchar “Africa East” y “Brainstorm”, y quizás sea ese el error que cometen muchos críticos en su juicio respecto a este disco. Pero ahora “The Three Fates” se abre paso trayendo a Emerson, Lake & Palmer y un piano desbocado que luego de ocho minutos termina explotando (literalmente). No más música progresiva por ahora. Mientras unos planos reciben los últimos detalles, las hojas empiezan a salir de la impresora… creo que llevo buen tiempo total.

¿Qué hora es? La última hoja y la idea del tiempo presente por segunda vez. Menú delivery: sándwich de milanesa y papas fritas. No está mal para el último día de la semana. Tal vez mañana y pasado la comida sea algo más nutritivo. O tal vez no. Ronnie James Dio es el “último en la línea” musical.

Todo listo. De salida, el reloj del pasillo señala que quedan dos minutos para la una.

(*) Imagen: Otra más del archivo… imposible recordar de donde la bajé.

9.9.06

Intolerancia populista

La cuarta convocatoria de Juan Carlos Blumberg para hacer un reclamo al gobierno por la inseguridad ha provocado que muchas voces contrarias se levanten desde varios días antes a que se realice la manifestación. Y no es para menos. De las injusticias que se viven a diario, la violencia e inseguridad alcanzan a todas las esferas: desde el ciudadano de mayor poder adquisitivo, que busca “refugio” en barrios privados esperando disminuir el riesgo de su posición; hasta aquel que se encuentra prácticamente fuera de la pirámide social, y que es victima de la misma violencia de una forma quizás aún más cruel, casi insoslayable, al hacerse participe de ella; encerrando virtualmente al ciudadano de clase media, que quisiera verse libre de los peligros de uno y otro extremo. Todos observan hoy un antiguo pacto social, entre burguesía y proletariado que se necesitan mutuamente, como roto y sin esperanzas de reconstituirse. Esto se acusa especialmente ahora que la sociedad entera es golpeada por un problema pero su fragmentación hace que un sector prácticamente niegue los reclamos del otro. Ya no veremos “cacerolazos” y manifestaciones conjuntas porque ¿quién se acuerda del otro cuando la falsa calma adormece las conciencias?

Pese a todo esto, una gran cantidad concurrió a apoyar el reclamo de Blumberg en esta última ocasión. Lo que no deja de sorprender es la insistencia en desprestigiar esta manifestación dando ideas equivocadas sobre sus motivos y aún tratando de frenarla de manera forzosa, apelando al enfrentamiento personal. Pero esta determinación no parte de los pobres, como creen algunos, quienes aunque víctimas del mismo mal se encuentran más ocupados en sobrevivir que en organizar revueltas o salir a provocar a nadie. Desde el éxito de la primera congregación masiva presidida por Blumberg, las “contramarchas” y manifestaciones opuestas son llevadas a cabo por dirigentes populistas y simpatizantes intelectuales de ilusiones ya superadas. Los “paladines de la justicia social” se muestran unánimemente en contra de la expresión manifiesta de una heterogénea muestra de la sociedad y como una forma de llevar agua a su molino en este asunto, se han encargado de nombrar derechas e izquierdas en un contexto donde esta distinción no es aplicable y para un hecho que no registra las características que ellos pintan en sus comentarios.

Podemos analizar algunos de sus argumentos más habituales. Acusan a Blumberg de haber encontrado una efectiva forma de hacer campaña política, usando la muerte de su hijo como macabro beneficio a su imagen (no es difícil imaginar que si este estuviera realmente en política, las acusaciones serían más graves, por aquello de que los políticos no pierden a sus hijos, sino que los hacen matar). Estos se molestan por las lágrimas de un padre y hablan despectivamente de su condición social. Es absolutamente falsa la premisa que conduce al razonamiento de que el caso Blumberg tuvo el impacto que tuvo debido a que “fue la muerte de un rico”. Esta idea pretende negar el primer factor que atrajo la atención de todos, y que fue la crueldad con la que Axel Blumberg fue tortrado y asesinado por sus secuestradores. Pero aún si aquella aseveración pasara de este hecho, el tono de resentimiento que trasuntan las palabras de sus autores hace sensible la segunda intención que mueve a estos hipócritas. Estos mismos que reprochan a viva voz el lucro con el dolor no dudan en llamar “masacre” a la tragedia de “Cromañon” para justificar de inmediato cada exabrupto de los padres de las víctimas.

Afiches en la ciudad de Buenos Aires llamaron nazi a Juan Carlos Blumberg, manoteando un conocido recurso empleado por quienes carecen de argumentos, y avalados por la “intelectualidad” que hoy quiere dar la connotación de una nueva esvástica a la Estrella de David. La ley de Godwin, aplicada en foros de Internet para moderar discusiones donde se hacen comparaciones exageradas o fuera de lugar con el nazismo, sería muy aplicable en este caso real, no solo buscando finalizar un tema para declarar ganadores o perdedores, sino para exhibir la ridícula irracionalidad que reviste al oficialismo gubernamental, autor de los afiches mencionados. Este mismo quiere darle al pedido de seguridad el carácter de un reclamo de “derecha”, (empleando otra vez una comparación despectiva para conseguir el respaldo de cualquier ideólogo más o menos convencido) que promueve el gatillo fácil, la violencia que genera más violencia, y otros lugares comunes que gustan mencionar repetidamente. La interpretación del petitorio por parte de quienes se oponen al reclamo es absurda en la misma medida en que es inesperada la reacción de quienes se suponen más tolerantes: ¿no les parece propio de quien se ve acorralado pedir que la fuerza limpie las calles del narcotráfico, que se baje la edad de imputabilidad y que se urbanicen las villas de emergencia? ¡Nuestro gobierno de preciada “centralidad” y orientación socialista es quien debería interpretar correctamente el reclamo para elaborar políticas al respecto! Quienes conocemos la problemática de la ciudad y la sociedad sabemos que las soluciones deberán ser mucho más profundas que simplemente urbanizar las villas o saturar las prisiones, medidas aplicadas en otras latitudes y no siempre exitosas.

Todos estos hechos nos permiten ver parte de la complejidad del problema de fondo, donde se percibe claramente la carencia en el gobierno de los Kirchner de un plan para mejorar esta situación. Satisfechos con haberse ganado a quienes podrían llegar a oponerse a sus ambiciones, rodeándose de piqueteros, líderes sindicales y otros personajes devenidos en “oficialistas”, ahora temen a “la derecha” que podría terminar tomando el poder democráticamente cuando los argentinos los favorezcan con el voto ante la vacuidad de las intenciones del gobierno, que no tiene más perspectiva que encontrar la manera de perpetuarse en su posición.

El poder siempre le temerá a la expresión popular, sea del sector que sea. Su única alternativa está en desacreditar a los que se oponen, y cuando es posible, callarlos. Esto puede explicar perfectamente que Canal 7 (la señal estatal) ignore o menosprecie desde hace 2 años las convocatorias de Blumberg. El gobierno K no distingue derechas o izquierdas, sino amigos y enemigos. Con este criterio también ha podido encontrar enemigos entre la prensa progresista, como cuando silenció al periodista Pepe Eliaschev por no llevar la línea que ellos desearían.

El subsecretario de Tierras para el Hábitat Social, Luis D’Elía, cuyo principal mérito para estar en ese cargo es haber sido líder piquetero, organizó la contramarcha del obelisco en clara actitud de provocación y búsqueda de enfrentamiento, al tiempo que arengaba a “defender el gobierno popular de Néstor Kirchner, en las calles”. Mientras criticaba la presencia de representantes de partidos en la marcha de Blumberg, hacía abierto proselitismo en la otra. D’Elía es contundente prueba de la preocupación del actual gobierno, que no tiene que ver con garantías sociales, sino con la posibilidad de perder su popularidad. Los mismos que se llenan la boca con la palabra “democracia” transmiten por medio de D’Elía un mensaje totalitarista: “que sepa la derecha que el futuro de la Argentina no solamente se resuelve con votos. Se resuelve con millones de argentinos en las calles, que vamos a defender, de Ushuaia a La Quiaca, el gobierno nacional, popular y transformador de Néstor Kirchner”.

¿Cuándo será posible superar el absurdo de pensar que la solución a la violencia social es erradicar “derechas” o “izquierdas”, que ni son tales ni implican la desaparición de la desigualdad?

(interrupción)

Aunque nadie lo advirtió, el rostro sereno de expresión atenta que había logrado mantener sin problemas por casi una hora, devino en una inesperada mueca de disgusto, como cuando el paladar encuentra un sabor muy fuerte en lo que debe ser deleitosamente uniforme.

“¿De que estábamos hablando?” Tan solo segundos antes especulaba respuestas para mis propias interrogaciones silenciosas, esperando una señal para meter bocado, pero los vínculos comenzaron a romperse en vertiginosa oleada, desconectando, desarticulando ideas y dejando pintadas imágenes y garabatos inconcientes a los que difícilmente podría encontrar nexo con las palabras que no habían cesado en ningún momento.

Un escalofrío asentado en la base de la nuca erizó mis cabellos, y al mismo tiempo perdía el control de mis miembros, entregados a un cierto sopor repentino. De repente me imaginaba afuera, de rostro al sol, flotando sobre una alfombra vegetal, recibiendo su natural masaje en todo el cuerpo y ausente de toda mundana sensación, aún de felicidad o tristeza. Pero podía sentir por debajo la dureza de la silla, unida pesadamente a mí.

Llenando los pulmones de aire me obligué a serenarme y apartando luego la mirada del techo comencé a buscar la puerta de salida, pensando en atravesarla corriendo para buscar cuanto antes ese lugar soñado, pero al divisarla también comprendí el imposible de escapar del apremio creciente.

Todo era parte de un acto reflejo que parecía querer expulsarme de mi mismo, un acto violento de liberación de energía, de sacudones encefálicos y músculos adoloridos… Solo pude atinar a sostener fuertemente mi cara con las dos manos para no tener que buscarla luego entre el auditorio, quienes para mi bochorno, coronarían este personal tren de sensaciones con un sonoro “¡SALUD!”


Me encuentro momentáneamente con problemas varios de computadoras y conexiones, y aunque había organizado mentalmente un par de ideas para escribir, esto fue lo que salió primero… El invierno y la influenza no quieren despedirse aún.

19.8.06

Adiós Tere...

Ningún momento puede volver o cambiar porque se lo lamente, pero estas líneas pueden servir para recordar con cariño y desahogar algo de la tristeza que en esta hora me embarga, tristeza pero no desesperanza, ciertamente.

En estos días había pensado repetidamente en ella, en aquellos chispazos de humor que tenía, sus graciosas ocurrencias, aminoradas con el tiempo pero tan características en su persona que son ahora imborrables.

Dicen que la tecnología hoy ha acortado todas las distancias… pero esto es sólo una cruel metáfora en algunos casos. ¡Cuanto hubiese deseado aplanar montañas y borrar fronteras para estar más cerca, para burlar el irremediable hecho físico del espacio y sus dimensiones!

Está presente en mis recuerdos más remotos: en un cumpleaños, en una plaza, esperando a la salida del colegio y comprando una golosina o figuras para el álbum eternamente incompleto. Aunque tengo imágenes más frescas, su rostro parece congelado en aquellos años… Me vuelven pinturas cargadas de aromas y sonido, donde su voz confundida con el ruido de la ciudad completa el cuadro de un frío cielo diáfano y un juego de mediodía.

He atesorado sus historias, aún aquellas que contara sólo para inquietarme o probar mi atención. He vivido un poco a través de sus recuerdos, conociendo parientes que no llegaron a verme nacer y casas en las que no viví. También he podido sentir algo de lo que no contaba pero le dolía, las injusticias sufridas y la nostalgia de un pasado próspero. Recordé los dolorosos sucesos que nos separaron hace tantos años ya y nos mantuvieron alejados, y cuyos fantasmas apenas comienzan a disiparse pero muy tarde para mi interés. La primera despedida, amarga y desconcertante, con la promesa de un pronto retorno que se prolongó hasta simplemente dejar de ser mencionado. Más encuentros y despedidas se sucedieron rápidamente desde entonces, con espacios de un año o más.

Siempre dolieron en el corazón las críticas ajenas escuchadas tantas veces, no por las palabras en sí o por quién las hizo, sino porque ponían cruelmente en evidencia mi impotencia para estar más cerca estos años y remediar las mutuas soledades aparentes del exilio y la edad. ¡Que saben esas necias voces de lo que uno hubiera estado dispuesto a hacer! Nadie puede entender lo que no le toca vivir…

Al final, el más fresco recuerdo… una conversación telefónica, imposible saber que era la última, recomendaciones, encargos de siempre que ahora toman una nueva significación y la permanente promesa de una visita que no será ya más.

Hubiera cumplido 88 años a fines de este mes, pero el Altísimo determinó que su tiempo se cumpliera pocos días antes. El también le concedió poder partir como deseaba, sin sufrir enfermedades ni dolores, dándole sueño y descanso definitivo a su cuerpo. Agradezco a Dios sus beneficios, por haberle dado una larga vida y haberla hecho parte de la mía. La esperanza que compartíamos me hace saber que algún día nos saludaremos nuevamente, sin que sean necesarias más despedidas.

Para Teresa (1918-2006), mi “mamá” de cariño, mi bisabuela.

11.8.06

Melodías atemporales

En estos días llegó por fin a mis manos y a mi audio, un disco que quería escuchar desde que empezó el año. Por cierto, considero que mucho del éxito de las redes de intercambio en Internet, por lo menos en estas latitudes, se debe a la imposibilidad que hay de conseguir en un precio razonable material importado que logre pasar el filtro de “prefabricado comercial”, pero este es tema de otro escrito.

El disco que me ocupa ahora es la más reciente producción de una banda que muchos recordarán por algunos éxitos comerciales en la década del 80: TOTO.

Considerados iniciadores del estilo llamado AOR (Album Oriented Rock), en el cual están catalogados otros contemporáneos como Foreigner y Journey, es común pensar que se trata de un estilo actualmente desaparecido. Hoy la radio trata de satisfacer este espacio con densas baladas de bandas pseudo-metaleras, muy poco melódicas (salvo contadas excepciones) o peor aún, con otras nacidas bajo el signo del “Rock Adulto” (Adult Oriented Rock, no casualmente AOR en sus siglas). Es sin embargo alentador saber que este “estilo” no ha muerto y también complace comprobar que no es un estándar comercial en la actualidad.

Pero ¿qué es realmente AOR? En un principio, las siglas representaban a una rama o evolución del rock progresivo que buscaba la difusión del álbum completo, a diferencia del trabajo de otras bandas que preferían destacar “singles” o “cortes de difusión”. Similar al rock progresivo en composiciones y afán experimentador, tuvo un perfil más comercial que éste y con un sonido tendiente al Hard Rock (HR). Paradójicamente, la popularidad de algunos sencillos derivó en que el término fuera sinónimo de “rock suave y melódico” y así las siglas AOR fueron en adelante “Rock orientado a adultos”.

Toto es una banda compuesta por músicos sesionistas (*), experimentados y muy talentosos. Es notable el hecho que en tantos años de carrera, la conformación de la banda haya cambiado muy poco respecto a otras bandas de larga trayectoria. Se registra principalmente el cambio del bajista original por Mike Porcaro; el alejamiento (1984) y posterior reincorporación (1998) de Bobby Kimball, voz principal; y la muerte prematura del baterista Jeff Porcaro, debida a una extraña reacción alérgica.

Como es de esperarse, cada músico aportó alguna particularidad al sonido de Toto, haciendo una música sumamente ecléctica. Puede decirse que Toto no hace un tema igual a otro, cosa en la que lamentablemente caen muchos “creadores de estilo” que al no desear apartarse del sonido que los hizo famosos, se repiten “ad infinitum”. Con inclinación al HR (estilo en el que mayormente trabajaban por entonces los sesionistas) y exploración progresiva, Toto le dio a su música una curiosa fusión de bases Disco y arreglos de Jazz que se aprecian en su primer trabajo homónimo de 1978, (donde se encuentra el mítico “Hold The Line”) o en temas como “Waiting For Your Love” de 1982. Asimismo, se puede reconocer en su música el tinte étnico, muy preciado por el rock progresivo, con ritmos de reggae y tambores africanos que condicionan completamente temas tan conocidos como “Africa” u otros más recientes como “Modern Eyes”. Ni que decir de las excelentes baladas que hicieron famoso al género completo (“I’ll Be Over You”, “I Won’t Hold You Back” y otras). Esta mezcla de estilos que podría resultar chocante, está realizada con buen gusto por el virtuoso guitarrista Steve Lukather y el tecladista y voz David Paich, verdadero núcleo creativo del proyecto. En definitiva: Toto, con toda su diversidad, no busca parecerse a nadie, y quizás ni siquiera a Toto, más que en la idea constante de la experimentación. Si es esto bueno o malo, queda al criterio de cada oyente.

Ahora: el nuevo disco. Titulado “Falling In Between”, sorprende una vez más por la novedad en su sonido. La primera pista, que dio título al disco, es una potente canción progresiva, de sonido pesado con guitarras fuertemente distorsionadas y unas exóticas escalas menores de reminiscencia árabe. Los siguientes temas tienen más que ver con trabajos anteriores en temática y estilo, “Dying On My Feet” es deliciosamente instrumentado y bien llevado por Kimball en voces, con rasgos progresivos en teclados y guitarras muy melódicas (cabe destacar el solo de Lukather) y una salida instrumental donde participan como músicos invitados Lenny Castro en percusiones, Steve Porcaro en sintetizadores, James Pankow en trombón, Lee Thornburg en trompeta y Ray Hermann en saxo tenor.

El tema de mayor difusión es “Bottom Of Your Soul” donde participa como invitado quien fuera el primer reemplazo de Kimball, Joseph Williams. Los dos temas siguientes “King Of The World” y “Hooked” son perfectos cortes de rock progresivo el primero con las tres voces clásicas de Toto (Paich, Kimball y Lukather) y el segundo con la participación de Ian Anderson (Jethro Tull) en flauta haciendo perfecto juego con la guitarra de Lukather. Luego regresa la calma con el sencillísimo “Simple Life”, entonado por Lukather y acompañado por la percusión de Jenny Castro, que finaliza prontamente luego de culminar el tema con un poco más de fuerza. Lo bueno, si breve, dos veces bueno.

“Taint Your World” es un tema de HR con muy buen ritmo ejecutado exclusivamente por la banda y con una sola voz al frente. El AOR de la primera época vuelve en “Let It Go”, con una base melódica muy buena en bajo y momentos instrumentales de Fusion que recuerdan las primeras épocas de Toto, sobretodo el último acorde del tema. Hay que destacar que la voz es llevada por Greg Phillinganes, la nueva adquisición de Toto, primeramente reemplazando a Paich en las giras y ahora como miembro oficial.

La especial voz de Phillinganes será también encargada de llevar adelante la conducción del, en mi opinión, mejor tema del disco: “Spiritual Man”. Un corte con preciosos coros Gospel y una letra conmovedora, un suave piano y delicados arreglos de guitarra en los momentos adecuados. Intervienen en voces en la tercera y cuarta estrofa Kimball y Paich, dándole el toque emotivo y reflejando la convocatoria de las letras, a un tema donde cada instrumento (aun las voces) está perfectamente medido y racionado para no saturar de estímulos al oído, pero dejando establecido el virtuosismo de cada individuo. En este tema intervienen como invitados la cantante Monet y Tom Scott en saxo para la línea melódica con la que culmina el tema, acompañado de todas las voces para luego bajar inmediatamente la intensidad y concluir finalmente. Cuando parece que el disco definitivamente llegó a su fin, “No End In Sight” propone una pista progresiva más, donde el ritmo es alternado y puede apreciarse a nivel general la intervención del antiguo miembro de la banda, Steve Porcaro en el sonido.

Resumiendo: “Falling In Between” es un excelente disco de Toto, que continúa la idea original del AOR, invitando al oyente a desmenuzar sus partes y disfrutarlas (que dista de la simple idea de hacer “rock tranquilo”) haciendo música que escapa a las etiquetas y aún a épocas, en un verdadero estilo sin tiempo.

(*) Músicos versátiles, prácticamente “anónimos”, que acompañan a celebridades que requieren de ellos para eventuales sesiones de grabación o en esporádicas presentaciones, sin formar parte de su grupo estable. Se puede disfrutar en línea de breves fragmentos –aunque no especialmente seleccionados- del disco, abriendo este archivo en cualquier reproductor de audio como Winamp o Windows Media Placer.

9.8.06

Esperanza viva

En las últimas semanas, el mundo vivió de cerca el conflicto recrudecido en Medio Oriente, una permanente “zona de riesgo” donde hoy, bombardeos y muerte son moneda corriente. Muchos intentos de sancionar LA PAZ (como si fuese posible promulgarla a través de un edicto) han fracasado. “Esfuerzos diplomáticos”, tal es el nombre que se ha dado a los poco eficaces pedidos de parte de USA y Francia (aunque ciertamente esto es mejor que nada), como también las actitudes de los gobiernos israelí y libanés, buscando un frágil equilibrio, mientras en el “campo de batalla” mueren los inocentes a diario. Uno aprende a no dolerse de estas situaciones, a considerarlas lejanas o irremediables y solo a veces un estímulo más fuerte llega a conmovernos hasta las lágrimas, aunque luego la coraza se vuelva más gruesa.

¿Hay posibilidades de lograr la paz? La pregunta resuena desde siempre en la conciencia humana, que impotente de cambiar su naturaleza, ha escrito muchas páginas de su Historia con letras de sangre que solo el tiempo nos ayuda a considerar como fríos términos numéricos y estadísticos.

En la vida de las personas, los sufrimientos pueden llegar a ser un medio para el perfeccionamiento, sin embargo esto no es apreciable en la humanidad, que no se encuentra encaminada a crecer en ningún aspecto y pasada la crisis no manifiesta cambios positivos. No hay propósito digno en los vanos enfrentamientos del ser humano. ¿Han logrado estos conflictos producir duradera paz? En la construcción de este anhelo, la carencia de propósito digno ha costado al hombre más vidas que cualquier enfermedad o catástrofe, y angustiosamente, se trata de un mal cuyo único responsable es el hombre mismo.

Ante el pasmoso paisaje que pinta, no solo un conflicto del último siglo o del último milenio sino la Historia de la humanidad misma, parece obvio inferir que el hombre no puede alcanzar la paz por sus medios, ni por los que ha fabricado para este fin. Ningún poder coercitivo, ninguna religión, ninguna fría metodología es capaz de volver la naturaleza humana para que busque el bien.

Pero aún así existe una ESPERANZA VIVA para el hombre que anhela verdadera paz. Hay sólo Uno que puede lograr lo que no consigue el poder, ni la diplomacia, ni la simple moral. Creer que la victoria personal es posible, que existe una razón para vivir en lugar de dejarse morir es el primer peldaño que lleva a escalar la cima coronada por la deseada paz. ¿En que ayuda esta exhortación a quienes hoy sufren? Poco se puede hacer, de palabra o de acción, por cambiar una realidad forjada a través de siglos y una reflexión puede no servir ni aún de consuelo para quien hoy es víctima del odio; pero no será inútil para quien desee aprovecharla.

Tanto como las víctimas fatales, me acongoja pensar en los abatidos sobrevivientes del horror. En esos desolados rostros, no es muy difícil imaginar las futuras incubadoras del odio, odio que a su vez generará violencia alimentando así un ancestral círculo vicioso. Aquí es donde el cambio personal puede obrar con gran efectividad, donde el perdón es capaz de romper las más gruesas cadenas y liberar al hombre de una pesada carga.

¿Delirio? ¿Utopía? ¿Ingenuidad? De ninguna manera. Palpable realidad desde el instante en que se cumple en uno mismo. Con fe y constancia esto podrá aún impregnarse en nuestro entorno y ¿Qué victoria podría ser más grande que ésta?

“…más vale el que se vence a si mismo que un conquistador de ciudades.” Proverbios 16:32

11.7.06

…en el intento de vivir

Solamente cuando doy con mi rostro contra su dispar superficie y percibo su maravillosa diversidad de accidentes, mi espíritu está conforme. Y este estado no me produce calma, sino todo lo contrario. El momento de mayores tensiones emocionales, la angustiosa confrontación de los propios contrastes a la luz de lo inmutable, son el verdadero disfrute. Detenerse es morir. Cuando me embargó la mortecina sensación de tranquilidad, en el equilibrio de una supuesta felicidad, supe internamente que no me era natural, que no podía permanecer en ella.

Una necia sonrisa tibia decidía asomarse entonces, pero sabía que su tiempo es el del embotamiento de los sentidos, que cuando este desaparece no queda rastro de ella, ni el recuerdo de que haya existido.

Si acaso el cúmulo de conflictos y contradicciones deciden armonizar, brindándose una tregua en su inacabable lucha, solo lo hacen para después enfrentarse más encarnizadamente aún, afiladas sus armas y garras. No puedo mediar entre ellas porque su pleito es ancestral y aún me sobrevivirá. Más bien he sido un tercero en su batalla, haciendo frente en su día, en mi noche, considerándome victorioso por el solo hecho de mantener a salvo mi parcela.

Quise alguna vez, elevando una blanca bandera, entregarme finalmente.

No más batallas ajenas ni esfuerzos interminables, pensaba: rescindir el motivo de mi defensa tenía que liberarme. Pero no era así. La falsa paz que pretendió llevarme a la destrucción hizo que apreciara aún más el fragor de la lucha.

Hoy puedo contemplar mis defectos sin sentir la urgencia de taparlos. El conflicto es un factor más en la ecuación de la estabilidad. La contradicción que nos da escala, ser y vivir como un camino interminable, como una lucha constante, anhelos inalcanzables pero que no pueden ser abandonados, todas estas cosas tonifican el espíritu, plantean un desafío que no se debe postergar porque existe el riesgo de no desear reanudarlo después.

Otra sonrisa se dibujará entonces. Será la satisfacción de encontrarse, de saberse vivo en verdad.

Imagen: Fotografía incluida en el libro Ahora mismo de Mauricio Birabent (Moris)

6.6.06

Persiguiendo motivos equivocados

No había escrito antes sobre el tema por el simple hecho que nunca llegué a terminar de leer el libro. Me llama poco la atención y cuando me lo prestaron me desalentó su extensión y formato (me cuesta bastante mantener el interés en las novelas y tomos muy largos) a pesar de que la lectura (al menos de la primera cuarta parte de este libro) es bastante ágil y no presenta demasiados obstáculos, ni siquiera para el primerizo en estas lides. Estoy hablando de “El Código Da Vinci”. Sin haber terminado de leerlo podría comentar sobre su calidad literaria o su argumento y sobre sus supuestas alusiones históricas, pero como no faltaría quien señale que “antes de criticar hay que conocer” y como no vamos a ponernos de acuerdo en que implica “conocer” en este caso, prefiero desistir de antemano.

En lugar de esto, voy hablar de la película (así es, vi la película completa).

No es mi intención realizar un análisis exegético o minucioso de este asunto, porque gente con mucha autoridad en el tema ha colgado algunos de estos en Internet (desde el aspecto literario, semántico, cinematográfico y teológico también). Más bien quiero dar mi parecer general sobre este fenómeno trayéndolo a colación de otro tema: la capacidad de algunos de embelesarse con muy poco.

Desde hace tiempo se puede ver un aumento en las polémicas religiosas (¿un renacer de lo místico?), las cuales ocurren con dispar trascendencia en los medios. Dentro de esto es habitual ver críticas a la institución católica (pues de objetable tiene mucho, tanto ayer como hoy) pero estas críticas se hacen aventureramente, atacando lo que se piensa es la base exclusiva de esta religión, cuando en realidad se arremete contra la filosofía del Cristianismo (que trasciende ampliamente a la organización de Roma). Se ataca la divinidad de Cristo. Esto es como creer patear un frágil castillo de arena y encontrarse con los cimientos de las torres Petronas de Kuala Lumpur.

Un claro ejemplo de esto es la película en cuestión. Gran parte de los mitos empleados en su argumento ya fueron utilizados por la antigua secta de los gnósticos. Asimismo, para quien haya estudiado Historia, resultarán risibles las ideas del autor sobre los caballeros templarios (también atacados en el “medioevo contemporáneo” de la película “Kingdom of Heaven”) y su concepto sobre el cristianismo primitivo (de pureza admirable hasta hoy), pero siendo sinceros, podemos admitir que una novela no busca precisión histórica, aunque esta sería una buena manera de aprender algo considerando la diversas carencias. Concedemos que el falsear realidades podría ayudar a enriquecer una fábula histórica, desarrollada en una Europa paralela, pero esto tampoco sucede. La película a penas llega a cumplir con lo esperado de una producción de este tipo: buenas actuaciones, una banda sonora aceptable, y otros componentes que no deberían resultar inasequibles para una industria especializada en trasladar “best-sellers” a la pantalla. Sin embargo puede resultar bastante aburrida para quien va a buscar simple entretenimiento y a la vez es muy sosa para quien pretenda hallar algo de contenido. La palabra “taquillera”, a pesar de todo, se ocupa de cubrir multitud de faltas y asegurar un “éxito” antes de filmar la primera escena ¿Cuál es el motivo entonces de tanta tergiversación?

Es verdad que los autores de renombre (entre los que Brown no se encontraba precisamente antes de su “hit”) buscan como principal objetivo las ventas desde el momento en que la literatura es su medio de subsistencia. Esto, en todas las artes implica un cierto detrimento en la calidad del producto final, en pos de su aceptación masiva, sin embargo en muchos casos estos productos de fin comercial nos acercan o presentan a quien de otra manera hubiera pasado inadvertido. Por eso para los coleccionistas las primeras obras de un artista consagrado son invaluables, porque aun con una técnica incipiente y una capacidad comunicativa en potencia, revelan aspectos diferentes (a veces mucho más profundos) que las obras de su “madurez” artística.

El arte también debe apelar al espíritu humano y conmover sus fibras. Es necesario que confronte nuestra ideología y nuestras creencias, es deseable que sacuda nuestra comodidad y nos señale una idea diferente, todo aporta al crecimiento aun cuando primero sea necesario demoler para poder edificar nuevamente.

¿Cuál de estas cosas motivó a Brown? Ninguna. Conociendo algo más de este descubrimos que no tiene obras de valor en su pasado ni tampoco un propósito auténtico y claro para esta invención. Solo, desde luego, generar ganancia a través de un impacto polémico. Dudo que el autor haya querido pasar a la historia como un “trasgresor” o que tenga un segundo propósito más allá que ver que las regalías lleguen a sus bolsillos ¡Ni siquiera pudo ser completamente original en su ficción! (o que lo digan quienes lo acusan formalmente de plagio). Las teorías sobre la humanidad y divinidad de Jesús, las sospechas respecto a la Historia, sociedades secretas y aun el “lado femenino de dios” han sido explotados ya en otros libros. Hasta un escritor igualmente mediático y popular como Paulo Coelho trata de forma más interesante este último aspecto en “A orillas del río Piedra me senté y lloré”, presentando al mismo tiempo una historia de amor muy vendible.

¿Es todo esto solo una crítica más al mamarracho de Dan Brown? Si y no. Me interesa más poner en evidencia al autor como lo que es: un vulgar comerciante. Y admito que como tal no lo hace mal, porque a su manera, cumple su objetivo. Vender aplicando la ley del mínimo esfuerzo para mucha ganancia. Esperar que fuera sincero en esto sería una ingenuidad mayúscula.

Pero quienes parecen deleitarse en transitar el error e incomprensiblemente apropiarse del mismo, son otros. “El Código” no es el factor de esta ecuación que más llama mi atención sino los lectores convocados por el libro.

Partamos de una realidad: leer no es popular. Aún antes de la televisión, era muy probable que una persona común encontrara diversión en diferentes actividades pero no en la lectura. Hoy, cuando el mundo dispone de Internet, videojuegos, fútbol, clubes sociales y siendo que a diario surgen un sinnúmero de entretenimientos novedosos ¿Qué artificio puede convocar masivamente a la gente a buscar su pasatiempo precisamente en un libro? Solo quien esta enamorado de la lectura puede recurrir a esta una y otra vez prefiriéndola a otras opciones posmodernas. Una característica fundamental en el fenómeno de los “best-sellers” es que este encuentra mercado donde antes no lo había o no estaba suficientemente explotado. De esta forma encontramos, por ejemplo, a un “Harry Potter” que fascinó a muchos chicos pretendiendo compararse con las geniales creaciones de Tolkien y Lewis y que se abrió mercado entre los más pequeños, en una excelente estrategia que lucra mucho más allá de la literatura. Del mismo modo Dan Brown, buscando mercado en una enorme población que no tiene mucho conocimiento de Arte o Historia, introduce su novela sugiriendo en contratapas y prólogos que su producto puede ser algo más que lo que realmente es: un relato ficticio.

Pero aunque uno jure y patalee diciendo que tiene una revelación en sus manos, no necesariamente obtendría una respuesta favorable de parte de la masa. Quizás conseguiría justamente lo contrario: espantarla (el hombre rehúsa conocer la verdad). Para cautivar al público Brown recurre a la temática, pero siempre con este único propósito. Brown no viene a revolucionar el pensamiento, la filosofía, la religión, la arqueología ni nada que se le parezca. Se trata de un asunto de modas; hoy es popular atacar las creencias de la “gente simple”, sentirse superados, sapientes y tolerantes observadores. Entonces cualquiera que en su vida pensó completar la lectura de un libro, se aboca a la tarea de conocer de pe a pa la novela de moda y todas las interpretaciones y apósitos publicados que se comercian alrededor de la misma.

Aun más repugnante se vuelve tener que soportar la mención diaria a través de los medios y en boca de la gente sobre la “obra” que han leído y ver que tienen avidez de sentirse conocedores y de versar sobre arte y cuestiones teológicas e históricas con la base de esa su única lectura, pero que son incapaces de buscar en la dirección correcta ni aunque esta estuviera marcada con señales luminosas; y no por una incapacidad congénita, ya que han demostrado más tenacidad que muchos completando la lectura de un volumen de más de 500 páginas, sino porque como sabemos, y volvemos al principio, conocer y leer no es realmente popular.

Este es el motivo de la ridícula admiración que despierta en la masa el producto ataviado (como cereza del postre) con un tono de erudición y con referencias a las obras de Leonardo Da Vinci que no son desconocidas ni entre los más ignorantes ¿no es esto último suficiente evidencia de lo grotesco de la situación? ¿Necesitamos verlo parodiado en dibujos animados (o denunciado en “South Park”) para advertir el absurdo?

Pobre Leonardo, se revolcaría en su tumba al saberse utilizado tan groseramente y con seguridad le complacería más que esto ver su obra garabateada por Marcel Duchamp o sirviendo de nombre y publicidad a un producto tan beneficioso, elaborado y, para algunos, entrañable, como es una sabrosa mermelada.

27.5.06

Caída libre

Una sensación de vértigo lo invadió imprevistamente. Sus acelerados pasos ahora se despegan del piso y parece a punto de remontar vuelo.

Cuando comenzó a caminar no sabía demasiado sobre su destino y ahora está más velado que antes, y a pesar de la enorme distancia recorrida, Alles Nahe werde fern. La única motivación para continuar –tan insustancial como inapelable- parece residir en la simple inercia de sus acciones, que lo conduce a través de un caótico camino invisible, trazado por el Gran Arquitecto o consecuencia de una cósmica “generala servida”. Pero en este momento no importaba mucho ninguno de aquellos asuntos… sólo, como siempre, avanzar.

Su espíritu inquieto había resuelto mucho tiempo atrás trascender los límites del espacio conocido, que resultaba tan monótono y agobiante, para aventurarse hacia lo que percibía por detrás de su cielo. Luego, tras algunas temporadas de agotador viaje, los motivos que lo habían impulsado en principio se le tornaron irreconocibles y hoy casi no los recuerda.

En algún momento debía haberse desviado de su camino, cambiándolo por una empinada descendente convertida ahora en un risco infinito donde ya no puede frenar más su ominoso tropiezo. ¿Cuándo había perdido el horizonte? ¿En que momento había dejado de apreciar la maravillosa visión que lo impulsó? Tan impresionante había sido esta ante sus ojos, que todavía permanece latente, como los fantasmas del sueño que se perfilan por segundos un instante después de despertar; y cree verla al final del precipicio, detrás de la bruma que oculta su fondo.

El caminante distinguirá nuevamente con claridad y podrá comprender que todavía transita el camino a través de la llanura, con su inmutable horizonte, cuando la niebla se levante por última vez.

No deja de inquietarlo, sin embargo, que su camino se aligera exponencialmente y sobretodo la forma en que sus zancadas se elevan sobre el piso. Y entonces puede advertir lo que sucede: ¡está cayendo!


ilustración: TONY

12.5.06

impresiones erráticas 3

Aunque no tiene ningún sentido ni propósito práctico, estoy leyendo noticias de la semana pasada. No puedo explicar porque, pero la tarea se me hizo irresistible el día de hoy. Quizás exista un propósito inconsciente, un intento de refrescar mediante referencias precisas algún episodio personal, esos que se esconden caprichosamente en nuestra memoria, debajo de otros mucho más remotos.

Es cierto que el tiempo no retrocede, pero creo que si las manecillas giraran en sentido contrario encontraríamos las horas dejadas atrás en total desorden. Estas tienen voluntad propia y mientras les damos la espalda se reacomodan arbitrariamente.

Simas y cimas se suceden como de costumbre, buscando el deseado nivel cero utópico. La hipomanía de la cumbre sería mucho más útil si no significara tener que emprender el descenso vertiginoso después… lo importante entonces para mantener el equilibrio, es recordar levantar la vista cuando se transita el valle.

30.4.06

Cuenta regresiva

Un cuento hecho por encargo que no fue retirado. Aunque se aleja un poco de lo que habitualmente escribo, no me disgusta y para salvarlo del olvido, lo comparto con Uds. ¡Buen día a todos!

Cuenta regresiva

El Anciano se incorpora sobre su lecho. Sus memorias serán consultadas nuevamente y quizás por última vez.

El ciudadano más antiguo, próximo a cumplir 1238 años, vive recluido junto con los pocos sobrevivientes de su especie y sus signos vitales advierten que no le queda mucho tiempo sobre este mundo.

Los actuales habitantes no recuerdan como llegaron a donde están hoy, y quizás es este su mayor defecto. Su objetividad los hizo incapaces de tener memoria y los únicos registros que quedan son aquellos que consiguen extraer de la raza antiguamente dominante, a cuyos especimenes tratan de mantener con vida el mayor tiempo posible. No saben ni pueden saber que cada paso los conduce hacia la inminente extinción que los oráculos anticiparon antes que el olvido se encargara de ellos también.

Los elementos para el último “rescate de memoria” están listos y solo falta la aprobación del Consejo para proceder. Impacientes, los mecánicos observan la cuenta regresiva que se acerca vertiginosamente al punto que marca la crisis final, más allá del cual todo esfuerzo será inútil.

Aun desde el completo olvido, sus temores les indican que la vieja raza sobrevive en las entrañas de la ciudad. Nunca los han visto, pero su presencia se siente en cada rincón y su amenazante sombra los perturba. Su fantasma debe ser expulsado para siempre, pero ¿como enfrentar lo que se desconoce? La espectral resistencia cuenta en su favor con algo que los invasores codician: recuerdos. Como una red invisible pero inquebrantable estos mantienen la unión simbiótica con su antiguo hogar, aquel que solo conocen por referencias pero aún esperan ver con sus ojos.

Cuando ya queda poco tiempo llega finalmente la autorización y se inician las tareas programadas con celeridad. Pero en pocos minutos, el agotado ser ha terminado su ciclo vital y los esfuerzos se ven frustrados definitivamente.

El arribo del Anciano es sorda pero jubilosamente celebrado por la resistencia y la noticia estremece todos sus hilos. Ahora, solo es cuestión de tiempo…

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27.4.06

¿Aracnofobia?

Me propongo con este texto, no tanto ofrecer un remedio contra el miedo, pero si al menos un par de motivos para considerar la próxima que estemos por arrojar un pesado objeto contra una indefensa criatura.

Primeramente deseo aclarar que no quiero ponerme excéntrico –presuponiendo que es lo que manda la centralidad o la normalidad- ni estoy tan apasionado por los arácnidos como para tener una tarántula por mascota. Por otro lado, el contrato de mi departamento no lo permitiría y en buena hora porque dudo que una de ellas se encontrara a gusto en un medio tan diferente al que sus instintos conocen.

Existen además un gran número de estos animalitos que viven sin problemas en la ciudad y que tejen sus redes en edificios, en rincones olvidados por el aseo –aunque también aparecen en otros no tan olvidados- y en los conductos de instalaciones que la mayor parte de nuestra arquitectura intenta negar ocultándolos entre tabiques o confinándolos sobre cielorrasos y en espacios residuales, invisibles a la percepción. Los tímidos habitantes de estos espacios coexisten con nosotros silenciosamente y de vez en cuando nuestros planos se cruzan y podemos observar con que naturalidad irrumpen en nuestra cotidianeidad. La actitud más habitual –que reconozco mía en muchas ocasiones también- es la de aplastar sin contemplaciones al invasor, inmediatamente la vista lo descubre. Quizás sea esta naturaleza que nos lleva a crear comunidades y alejarnos del medio salvaje la misma que en forma instintiva no concibe la idea de cohabitar con otras especies y menos en ese plano de igualdad que pretenden tener las arañas.

Fue cuando mi padre me contó que las arañas se comían a los insectos cuando empecé a apreciarlas. Aunque su apariencia pude ser impresionante para la mayor parte de la gente, desde aquel momento mi visión de las arañas fue cambiando progresivamente. De simplemente no temerles, pasé a considerarlas seres con un rol particular en el hogar. Me enteré de las propiedades de sus construcciones, también que casi ninguna de ellas puede representar una verdadera amenaza para el hombre y muchas otras de sus cualidades biológicas. Me causó gracia ver en las películas de terror “gore” de los 80 que se pinte a estas criaturas como asesinas en escenas desmedidamente sangrientas, o verlas organizadas como enjambre en alguna otra producción más reciente y más burda que las primeras. Supe también, como dato curioso, que ¡el hombre se come un promedio de 8 arañas al año mientras duerme! Conocí a sus “primos”, los segadores, esas “arañas” de patas muy largas y cuerpo pequeño que no tejen tela. Me sorprendió enterarme de la fragilidad de toda esta familia, comparada con los insectos.

No justifico el observar indolente que las cosas acumulen polvo y telarañas. Como ya dije, el hombre tiene un sentido de posesión del espacio que no es compatible con la existencia independiente de otro ser en el mismo lugar. Entonces, así como no me gusta encontrar el polvo que el ambiente deposita sobre lo mío, tampoco veo con agrado los ornamentos que adicionan las tejedoras en las esquinas de mi espacio, ni sus desechos, tan poco agradables como los nuestros.

Su estética me fascina y ahora lejos de encontrarlas espantosas me parecen muy elegantes. Son para mi, animales mucho más inteligentes que los habituales insectos que se encuentran en una casa, torpes y asquerosos. Cada vez que veo una, imagino que piensa en mis términos, que recuerda la hazaña de hoy, que medita la estructura y la forma de su hogar, que repasa mentalmente sus hilos dibujando un plano de su tela, para verla finalmente, satisfecha. Imagino que quiere hablar y decirme esas cosas o tan solo saludar… evoca en mí a la hermosa y rebelde Aracne, que paga su desmedido orgullo, viviendo en soledad y tejiendo aún sus tapices.

Hace unos días pude pensar un poco esta situación porque en cierto momento, mi abuela me llamaba desde fuera de la casa para avisarme que cerca al interruptor había una araña bastante grande. Yo la conocía, la veía salir de su escondite siempre caída la tarde, y por la proximidad del pequeño jardín del edificio, nunca me molestó su presencia, considerándola casi como una inquilina de aquel espacio común. Por supuesto, nunca le comenté una cosa así a mi abuela, quien al parecer tiene un sentido de pertenencia espacial más grande que yo y además vive en una casa más ascética. Ante su advertencia le contesté desde adentro que ya la conocía. Probablemente desconcertada por mi reacción y mi inmutabilidad ante su descubrimiento, procedió ella misma a la ejecución. Cuando me dijo que la había matado, me enojé mucho por lo que había hecho y ella por mi actitud, que entendía como desidia, al no comprender mis motivos. ¿Por qué iba ella a entrar en la casa si tenía un festín afuera? ¿Qué había para temer? Traté de explicarle que era lo más parecido a una mascota que tuve, pero creo solamente haber colaborado a ampliar la brecha generacional y que me encuentre un poco más loco.

Yendo más allá de los casos individuales de verdadero temor irracional, extremo y atípico; podría decirse que nuestras sociedades son aracnofóbicas. Un miedo heredado del medioevo, cuando se consideraba a las arañas como portadoras de la ponzoña, subsiste en nuestra cultura, fomentando el rechazo instintivo de nuestra parte hacia estas criaturas.

Vaya esta especie de homenaje a tan maravillosos seres –maravillosos como todo lo que pertenece a la Creación-, y muy especialmente a las arañas caídas en su actividad natural, quienes por el temor o el egoísmo humano, siempre llevarán las de perder.

Imagen: Tomada de TalkingTree.com de Steve Erat

21.4.06

Debatir, cada vez más difícil

El lunes asistí al inicio del Ciclo de Conferencias que presenta La Gaceta de Tucumán, donde la historiadora María Sáenz Quesada disertó ante una sala completa sobre la historia y la memoria de la Argentina contemporánea. Su exposición que duró aproximadamente 50 minutos destacó la importancia de no confundir las memorias con la historia. Aunque las primeras son útiles, sobreponerlas a la verdadera investigación y conocimiento histórico presenta un grave peligro, ya que la memoria es manipulable. Hasta aquí solo una referencia a lo tratado, espero poder referirme a este tema en una entrada posterior.

Luego de la excelente disertación de Sáenz Quesada, me quedé expectante, debido a que el tema en sí parece la introducción a algo más grande, y lejos de cerrarse con el final de la noche, invita a quien lo escucha a la investigación y profundización de los temas tocados. Fue igualmente agradable ver que la convocatoria atrajo a un público de diferentes edades y que colmó el auditorio preparado.

Resulta entonces incomprensible lo suscitado inmediatamente después. Al terminar la alocución, se abrió al público la posibilidad de intervenir con preguntas y pese a las recomendaciones, los que se manifestaron lo hicieron en su mayoría para dar opiniones personales ¿Por qué esta actitud de abierta contradicción? Probablemente haya desagradado a alguno el límite de preguntas puesto por la conferencista alegando razones de tiempo, pero esto no justifica desaprovechar de esta forma la posibilidad de diálogo. Pareciera que en todos reside una mezquindad intelectual al reservarse las palabras de esta manera.

Por otra parte ¿A que se debe esa necesidad de sentar inamoviblemente nuestros puntos de vista? Necesitamos acaparar la atención, o aun tratamos de imponer nuestro criterio a los demás. Sería comprensible que alguien desde el desacuerdo plantee una inquietud y seguramente se podría iniciar una rica discusión pero ¿Cómo lograrlo desde la intolerancia? Un debate se empieza desde convicciones firmes pero con un espíritu receptivo. Afirmaciones tajantes, preguntas vagas y palabras que solo quieren mostrar “cuanto sabemos” hacen perder el interés y manchan luctuosamente la ocasión.

Este hecho se observa también en Internet. Es cierto que los weblogs y páginas personales nos dan la posibilidad de explayarnos y presentar nuestras opiniones a todo el que pueda estar interesado, pero el usuario promedio considera que esta posibilidad debe extenderse a todo espacio que permite intervención en la red. Vemos así, personas que se introducen en foros de debate para dar simplemente su punto de vista sobre cualquier tema, sin informarse adecuadamente y sin siquiera molestarse en atender a las razones de los demás, para hacer algo parecido a entrar en un bar y llegar desde la puerta gritando y tapándose los oídos. Afortunadamente estos personajes se retiran casi tan rápido como llegan pero en otros casos su presencia puede extenderse hasta ser insoportablemente fastidiosa. Hace solo unos días, en un debate en Internet sobre las plantas de celulosa en Uruguay, se presentó una persona que no cesaba de dar muestras de su ignorancia absoluta sobre el tema. Usando como base pobres argumentos y repitiendo la opinión de cualquier desinformado, se negaba aún a leer los argumentos presentados en el mismo debate y terminó arremetiendo contra todo el que pensaba diferente. Si bien estas personas y sus intervenciones merecen ser ignoradas, no podemos evitar que perturben el normal desarrollo de algo que podía haber dado más provecho de otra forma a quienes están verdaderamente interesados.

Una actitud común a todos estos “opinólogos”: enarbolar la bandera de la libertad de expresión y gritar “¡CENSURA!”si se los llama a reconsiderar la mediocridad de sus aportes, cuando en ellos está el verdadero ánimo censor, al querer callar a quien se opone a sus ideas (por llamarlas de alguna manera) creyéndose respaldados porque sus opiniones repiten lo que dicta la mayoría.

Cada vez es más difícil entablar un buen debate en cualquier medio. La tendencia al protagonismo, fomentado por una televisión que muestra todos los días una pintoresca colección de seres hablando con las mayores ínfulas sobre cualquier tema, hace creer equivocadamente que lo importante es crear polémica. “De la discussion naît la lumière”. Este concepto debería guiarnos en cualquier situación donde haya una confrontación de ideas para poder rescatar algo positivo de estos encuentros, pero ahora parece más real aquello de que “de la discusión no nace la luz, sino las peleas”.

16.4.06

Clasifíquese:

Siempre me resultó difícil colocar etiquetas. No me refiero a la acción de rotular o colocar un papel autoadhesivo sobre un objeto -cosa que tampoco debe ser subestimada- sino al hecho de discriminar algo para acomodarlo en su respectiva categoría.

Mi recuerdo más antiguo respecto a este tema se remonta a mis 5 o 6 años, cuando vi a dos personas de mi familia comentar respecto a un tema que sonaba en la radio. Conocedores de música, ambos a su manera, trataban de encontrar el lugar en un abstracto catálogo para lo que estaban escuchando. Por entonces las palabras clásico, jazz y rock ya me sonaban familiares y las asociaba a ritmos y sonidos, pero me preguntaba ¿Cómo se sabe que algo es un blues? ¿Por qué lo que estamos escuchando se llama “folklore”? Por entonces se me ocurría que no podía distinguir entre una cosa y otra porque todo me era nuevo, mientras mis mayores habían escuchado mucho y el primer paso era familiarizarme con lo que tenía a mano y sobre todo preguntar. Posteriormente y con un pensamiento más metódico supe que para identificar algo había que indagar sus características esenciales y desde entonces me dediqué a estudiar ávidamente sobre cada disciplina que llamaba mi atención.

La ignorancia es el primer obstáculo a sortear en la tarea crítica. La especial sensibilidad natural de ciertas personas las llevó a concretar magnificas creaciones y definir movimientos, como Edvard Munch con el expresionismo en la pintura o Mies Van der Rohe, le Corbusier y Walter Gropius en arquitectura; sin mayor formación teórica en sus respectivas disciplinas (por esta misma situación pudieron destacarse del repertorio del momento). Pero esto no aplica en la valoración. Quien no conoce algo no puede clasificarlo y mucho menos evaluarlo de manera racional, guiándose solo por su buen gusto y por parámetros arbitrarios. La formación se hace indispensable para quien pretende develar o al menos entrever el misterio de la creación artística. En el marco de esta búsqueda, el conocimiento de la historia de cualquier movimiento es el primer paso a una erradicación de las tinieblas del desconocimiento, juntamente con la experimentación práctica de aquello que se desea evaluar (esto es: en música, escuchar y tener la mayor cantidad de elementos de comparación; en arquitectura, visitar y experimentar diferentes espacios; en literatura, leer cuanto libro cae en nuestras manos). Posteriormente, la valoración del pasado hace posible una mirada crítica al presente y en este orden natural, será posible identificar las pequeñas unidades que componen las ideas para ingresar todos estos datos en nuestros cerebros y establecer categorías trazando los límites pertinentes.

Hasta aquí la mayoría puede estar de acuerdo, pero pronto aparece una desavenencia. Un hecho demasiado habitual parece mandarnos el siguiente mensaje: los límites son entidades complejas y facetadas que se revelan solo a unos cuantos privilegiados para que decidan de esta forma, que es una cosa y que es otra. En este punto, cuando uno llega a comprender los límites más generales y que con todo, muchas veces se presentan ambiguos y tenues, debemos enterarnos que dentro de las clasificaciones que creemos conocer, aún hay muchas otras, y esto cuando no aparece alguien señalando que no solo desconocemos las particiones más pequeñas, sino que nuestras clasificaciones generales son incorrectas. Estos nomencladores se hacen llamar críticos, expertos y un sinfín de denominaciones –haciendo honor a su especial capacidad de discernimiento- acompañadas siempre de los sufijos –logo o –mano (según ostenten un título acreditado o una obsesión respecto a un tema). Existe, al parecer, un sustento superior que permite a estos expertos hablar con gran autoridad respecto a corrientes, tendencias y manifestaciones; en el arte, en la filosofía, en las letras y en cada actividad humana; y pone a estos seres en un nivel superior, que no puede ser conquistado simplemente estudiando. Cada acción es susceptible de ser bautizada con un nuevo nombre (porque ellos constantemente crean categorías) y a partir de entonces responder a una idea en particular, hasta el momento en que uno de sus límites sea vulnerado y pueda decirse que ha “perdido su identidad”.

Pero es aquí donde todo conocimiento palidece. Aquellas manifestaciones a las que los conocedores acusan a menudo de perdida de identidad, en realidad nunca buscaron una. Para seguir ejemplificando con la música, podría mencionar el caso del guitarrista Edward Van Halen ¿Qué rótulo puede caberle? Ante la duda, se le crea una categoría propia pero se comete el error de pretender enunciar sus características. Luego escuchamos un disco de una época y otro de otra y las supuestas características se evaporan ¿Esto significa que los trabajos comparados fueron realizados por personas diferentes? En cierta forma, si. Una persona puede cambiar mucho en 20 años y aún en periodos más pequeños. Pero hay constantes y estas son las búsquedas, que no necesariamente están ligadas a aspectos técnicos y que pueden devenir en saltos voluntarios de categorías. De esta forma, muchos bluesmans como Haund Dog Taylor, dieron un salto hacia el jazz, manteniendolo aún dentro de este otro ya que el blues no es un feeling sino una estructura cabal; y otros hacia el blues eléctrico y hacia el heavy metal.

En arquitectura a partir de los anti-academicismos de finales del siglo XIX, las nuevas manifestaciones agrupadas bajo el título Art Nouveau ponen en la misma línea desde el Sessezion de Viena hasta el Modernismo Catalán, cuando solo dentro de este último, ya es difícil confinar a Gaudí. Luego del movimiento moderno las cosas no cambian mucho si consideramos todo lo que se quiere llamar “deconstructivismo”. También está la idea de crear prácticamente una categoría para cada cosa cayendo en la ociosa actividad de inventar nombres como “electro-jazz-tango con toques de rock psicodélico” o peor aún, en aberrantes contradicciones como “minimalismo recargado” o “brutalismo de fachada”.

¿Que caso tiene al fin tanto esmero con los nombres y tanto rigor en las delimitaciones, cuando las cosas escapan constantemente de las jaulas donde pretendemos aprisionarlas? Sucede que estas intenciones responden primero a la vanidad del que critica, que antes que brindar un servicio, quiere ser más protagonista que el creador y para ello finge estar compenetrado en la obra, supone haber agotado los motivos del autor y haber develado aun los procesos inconscientes de este.

Pero al final, la crítica no es solo etiquetar. La evaluación y la formación del juicio ayuda en la toma de decisiones en nuestro propio trabajo, y su principal objetivo es darnos los motivos y fundamentos para respaldar nuestro accionar. Este hecho les es desconocido por completo a aquellos soberbios nomencladores, por una simple razón: ellos nunca llegan a producir nada.

15.4.06

Extensiones para Firefox 2

Otra recomendación para los usuarios de Firefox. Es posible configurar el campo de búsqueda que está junto a la barra de navegación:

A las tradicionales búsquedas en Google, Yahoo!, eBay y Amazon, pueden sumársele, gracias a unos útiles plug-ins, consultas rápidas a Definicion.org, al diccionario de la Real Academia Española o inclusive traducir términos de varios idiomas por medio de WordReference. Finalmente, existe una extensión que puede interesarle a los administradores de web, que permite consultar el PageRank asignado por Google ingresando la dirección de una página en el campo de busqueda.

Los vínculos para instalar estas extensiones:

Definicion.org

WordReference

Diccionario RAE

PageRank

Otra curiosidad: si ingresamos una palabra cualquiera en la barra de direcciones sin la forma de una dirección web, Firefox nos conduce al primer resultado de la lista de búsqueda de Google para ese término (la misma función que el botón “Voy a Tener Suerte” en www.google.com).

Extensiones para Firefox (1)

9.4.06

BLOQUE

Alguien presentó alguna vez ante mis ojos un párrafo semejante. Monolítica muestra de desinterés por el interlocutor, y a la vez, evidencia de un caos de ideas habitando la corteza del alma a la espera de poder fluir al medio a través del escape que representa exponer los caracteres escritos del idioma. Si uno espera enseñar o rebatir no tiene ningún caso presentar una respuesta de este tipo, por ejemplo en una discusión o argumentación, porque se corre el riesgo de aburrir mortalmente a la otra parte antes de lograr entablar siquiera un diálogo, y se truncan definitivamente las esperanzas de llegar a puerto alguno. ¿Para que puede servir entonces semejante derroche de energía y palabras acomodadas una detrás de otra? Realmente para poco, que no sea una salida para la presión que ejercen las ideas sobre dicha corteza, cuando excede el límite tolerable. Porque las ideas, al igual que la sangre y como también el humor o el aire, ejercen una presión. Presión que se manifiesta incontenible y amenaza con una terrible explosión si no se soluciona de manera inmediata. Aquí, la pluma y el papel permiten aliviar esta necesidad permitiendo una sangría placentera y constante, hasta encontrar nuevamente el equilibrio. Como todas las acciones opuestas incidentes en el ser, que cuando se equilibran nos indican que hemos sido devueltos a la “normalidad”. Y normalidad entre comillas, porque acaso sea ese otro incómodo estado lo verdaderamente normal, mientras que la sensación relajada –el deseado equilibrio- sea solo el efecto del paliativo que actúa como un sedante temporal de la conciencia, en tanto se gesta internamente la próxima crisis ¿Quién puede afirmarlo? Por otro lado, muchos usan constantemente este modo en su afán de mostrar un vasto conocimiento de muchos temas y pretendiendo encadenar ideas que son totalmente disímiles. Alguno pretende calumniar a su intención de “dialéctica”, cuando tras sus palabras –que se van por las ramas- solo se manifiesta una profunda ignorancia y el único don de usar expresiones de otros para armar un ridículo collage y proceder a descalificar basándose en prejuicios y en pobres opiniones personales. Así se conocen dos caras posibles para un mismo bloque, aunque sea este bidimensional. Y no es fácil –si no se está familiarizado con la causa- sobrellevar un texto como este, ni siquiera siendo su autor. Aún con buena voluntad, un solo intento puede no ser suficiente para llegar al final de una intención. Cada nueva línea añadida, cada salto en la intención original presenta otra vez la tentadora opción de desistir y pasar la página, o de condenar a la hoguera el engendro generado de esta forma: un bloque que más que concreto es “de concreto”.


Dedicado a los héroes diarios que deben leer este tipo de párrafos en los foros de Internet. La imagen: El popular bloque de hormigón para mamposterías, de similar peso específico.

2.4.06

Cofre

Uno a uno echaba los bártulos en el deteriorado cofre. Aunque no evidenciaba ser muy antiguo, los arañazos en sus costados denunciaban una existencia accidentada.

Cada pequeña partícula del aroma que había impregnado la habitación ahora encontraba su lugar en un nuevo espacio. Mientras observaba como por última vez su poco aventurada colección, el individuo arrojaba dentro, con ritmo constante, las pocas cosas que quedaban a la vista.

No estaba por mudarse –su vida era un continuo viaje- ni necesitaba acomodar o hacer espacio en aquel blanco camarote donde solo se observaba un lecho bajo, una elevada ventana horizontal por la que ingresaba la luz en cascada desde el exterior y unos pocos elementos que iban desapareciendo en el cajón, aparentemente sin fondo. A pesar de esto, estaba abocado a limpiar toda evidencia de sensibilidad humana que en otro momento exhibiera la habitación, y a completar su tarea sin interrupciones.

Su expresión era borrosa y se difuminaba aún más a medida que desaparecían los objetos más pequeños. Sus acciones, sin pausa pero sin prisa, parecían las de un autómata que lleva un detallado inventario. Pero el se despedía íntimamente con cada vistazo final.

Cuando arrojaba el último objeto, una sonrisa asomó en su desenfocado rostro al reconocer una voz que le propusiera revertir sus acciones y devolver los objetos a la habitación. El había estado esperando esa llamada desde que comenzó la limpieza y aún antes, cuando su semblante, aunque perfilado de pesar, expresaba esperanzas. Pero sabía que ya era tarde. Entonces se apresuró a colocar la tapa y poner el candado cuya llave guardó luego en su bolsillo, y despreocupado al fin, pudo recostarse.

Ahora habría activado el mecanismo y este comenzaría su implacable marcha.

28.3.06

impresiones erráticas 2

Los propósitos se someten ineludiblemente a algunos vicios…

Tarde o temprano todos correrán la misma suerte. Lo saben ellos, lo sé yo. Mi obsesión por el orden está siempre bien dispuesta a dar un destino final a los muchos pendientes acumulados, que pacientemente esperan su turno. Cuando el número se vuelve intolerable para mi manía, son archivados aun sabiendo que así será más difícil llegar a darles una oportunidad.

Necesito solucionar muchas cosas a grandes rasgos, pero en mis odiseas, un canto de sirenas me conduce siempre a los pormenores, hipnotizando y adormeciendo mi sentido de la urgencia. Al menos esto último me ha resultado favorable muchas veces: “Dios está en los detalles” suelen decir y no con poca razón.

No importa cuanto haya pensado en tomar el atajo más usado, tengo la imperiosa necesidad de recorrer la ruta que tracé y pavimenté, sin prestar demasiada atención a la huella de las sendas paralelas.

…1

10.3.06

Réplicas

Copio en forma inconsciente. Aunque de manera pretenciosa le haya estampado rápidamente mi firma a algo, no puedo pensar por ello que sea autor y propietario único de lo producido. La creatividad debe tener niveles que no llegan al absoluto (por eso de que “todos copiamos a algo o alguien”) pero en mi caso no puedo evitar sentir que cada cosa que hago la he visto antes en otras manos, aún cuando la mayoría de las veces no encuentro a quien está refiriéndome la memoria.

“Nada habrá que antes no haya habido; nada se hará que antes no haya sido hecho. ¡Nada hay nuevo en este mundo!”

Esta debería ser la sentencia que adormezca definitivamente mi inquietud por buscar al paralelo que produce estas ideas. Por supuesto, existe la “influencia”; y amparado en mi ignorancia, podría asirme de este término para justificar mis plagios involuntarios, pero mi conciencia reniega de este recurso y me lleva a prolongados ejercicios sin conclusión cabal tratando de conocer su identidad.

Puedo suponer, desde luego, que no se trata de uno solo. Podría buscar, como primer ejercicio, un referente para cada actividad realizada. Buscar el prototipo en la música, en la arquitectura, en las letras, mirando solamente rasgos generales en los hechos comparados. Si trato de hacer una comparación más detallada, el ejercicio se complica enseguida al encontrar decenas de afluentes en cada rama, y más aún al momento de reconocer antagonistas reclamando la autoría de las mismas obras.

“Nunca faltará quien diga: ‘¡Esto si que es algo nuevo!’ Pero aún eso ya ha existido siglos antes de nosotros”

¿Este collage de intenciones creativas alcanza para justificar la proclamación de algo realmente novedoso? Seguramente no. Si he podido resumir dos posturas tan diferentes, es también posible que alguien más lo haya hecho, aún presentando los mismos encuentros bizarros de personalidades.

Debo replantear mi búsqueda. Puedo partir entonces reconociendo las formas en lo creado. Tanto las que están en lo enunciado como en la estructura de los párrafos, en las líneas y aristas como en los espacios, en las escalas como en los acentos; todo responde a un patrón íntimamente conocido que solo me falta asociarlo con alguien en concreto. ¿Pero quién? No consigo reconocerlo (si acaso en algún momento lo conocí), aunque pareciera estar tan fresco en mi memoria, por la reiterada apelación a sus recursos, por la facilidad que encuentro para copiarlo… pero es en vano y tampoco funciona el camino inverso que trata de develar el momento en que la forma aún invisible se implanta en la cabeza, inquiriendo atrás en el tiempo los modos en que puede haberse gestado, así como los lugares donde pudo haber sido adquirida. Su sustancia una vez más se rompe en fragmentos tan diversos que es posible asociarlos a múltiples y contradictorios orígenes.

Al final, luego de agotar los pasillos del espiral arquitectónico del pensamiento y del universo, desisto en mi tarea de identificar al espíritu afín a mis balbuceos, porque en sus infinitos corredores un reflejo me hace caer en cuenta de que, más allá de cualquier influencia, las apelaciones y referencias que me saben más conocidas se deben a que he estado copiándome a mi mismo.

Cursivas: Palabras del Rey Salomón, Libro de Eclesiastés – La Biblia.

Imagen: Lada Adamic - Hand Reflection

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