19.8.06

Adiós Tere...

Ningún momento puede volver o cambiar porque se lo lamente, pero estas líneas pueden servir para recordar con cariño y desahogar algo de la tristeza que en esta hora me embarga, tristeza pero no desesperanza, ciertamente.

En estos días había pensado repetidamente en ella, en aquellos chispazos de humor que tenía, sus graciosas ocurrencias, aminoradas con el tiempo pero tan características en su persona que son ahora imborrables.

Dicen que la tecnología hoy ha acortado todas las distancias… pero esto es sólo una cruel metáfora en algunos casos. ¡Cuanto hubiese deseado aplanar montañas y borrar fronteras para estar más cerca, para burlar el irremediable hecho físico del espacio y sus dimensiones!

Está presente en mis recuerdos más remotos: en un cumpleaños, en una plaza, esperando a la salida del colegio y comprando una golosina o figuras para el álbum eternamente incompleto. Aunque tengo imágenes más frescas, su rostro parece congelado en aquellos años… Me vuelven pinturas cargadas de aromas y sonido, donde su voz confundida con el ruido de la ciudad completa el cuadro de un frío cielo diáfano y un juego de mediodía.

He atesorado sus historias, aún aquellas que contara sólo para inquietarme o probar mi atención. He vivido un poco a través de sus recuerdos, conociendo parientes que no llegaron a verme nacer y casas en las que no viví. También he podido sentir algo de lo que no contaba pero le dolía, las injusticias sufridas y la nostalgia de un pasado próspero. Recordé los dolorosos sucesos que nos separaron hace tantos años ya y nos mantuvieron alejados, y cuyos fantasmas apenas comienzan a disiparse pero muy tarde para mi interés. La primera despedida, amarga y desconcertante, con la promesa de un pronto retorno que se prolongó hasta simplemente dejar de ser mencionado. Más encuentros y despedidas se sucedieron rápidamente desde entonces, con espacios de un año o más.

Siempre dolieron en el corazón las críticas ajenas escuchadas tantas veces, no por las palabras en sí o por quién las hizo, sino porque ponían cruelmente en evidencia mi impotencia para estar más cerca estos años y remediar las mutuas soledades aparentes del exilio y la edad. ¡Que saben esas necias voces de lo que uno hubiera estado dispuesto a hacer! Nadie puede entender lo que no le toca vivir…

Al final, el más fresco recuerdo… una conversación telefónica, imposible saber que era la última, recomendaciones, encargos de siempre que ahora toman una nueva significación y la permanente promesa de una visita que no será ya más.

Hubiera cumplido 88 años a fines de este mes, pero el Altísimo determinó que su tiempo se cumpliera pocos días antes. El también le concedió poder partir como deseaba, sin sufrir enfermedades ni dolores, dándole sueño y descanso definitivo a su cuerpo. Agradezco a Dios sus beneficios, por haberle dado una larga vida y haberla hecho parte de la mía. La esperanza que compartíamos me hace saber que algún día nos saludaremos nuevamente, sin que sean necesarias más despedidas.

Para Teresa (1918-2006), mi “mamá” de cariño, mi bisabuela.

11.8.06

Melodías atemporales

En estos días llegó por fin a mis manos y a mi audio, un disco que quería escuchar desde que empezó el año. Por cierto, considero que mucho del éxito de las redes de intercambio en Internet, por lo menos en estas latitudes, se debe a la imposibilidad que hay de conseguir en un precio razonable material importado que logre pasar el filtro de “prefabricado comercial”, pero este es tema de otro escrito.

El disco que me ocupa ahora es la más reciente producción de una banda que muchos recordarán por algunos éxitos comerciales en la década del 80: TOTO.

Considerados iniciadores del estilo llamado AOR (Album Oriented Rock), en el cual están catalogados otros contemporáneos como Foreigner y Journey, es común pensar que se trata de un estilo actualmente desaparecido. Hoy la radio trata de satisfacer este espacio con densas baladas de bandas pseudo-metaleras, muy poco melódicas (salvo contadas excepciones) o peor aún, con otras nacidas bajo el signo del “Rock Adulto” (Adult Oriented Rock, no casualmente AOR en sus siglas). Es sin embargo alentador saber que este “estilo” no ha muerto y también complace comprobar que no es un estándar comercial en la actualidad.

Pero ¿qué es realmente AOR? En un principio, las siglas representaban a una rama o evolución del rock progresivo que buscaba la difusión del álbum completo, a diferencia del trabajo de otras bandas que preferían destacar “singles” o “cortes de difusión”. Similar al rock progresivo en composiciones y afán experimentador, tuvo un perfil más comercial que éste y con un sonido tendiente al Hard Rock (HR). Paradójicamente, la popularidad de algunos sencillos derivó en que el término fuera sinónimo de “rock suave y melódico” y así las siglas AOR fueron en adelante “Rock orientado a adultos”.

Toto es una banda compuesta por músicos sesionistas (*), experimentados y muy talentosos. Es notable el hecho que en tantos años de carrera, la conformación de la banda haya cambiado muy poco respecto a otras bandas de larga trayectoria. Se registra principalmente el cambio del bajista original por Mike Porcaro; el alejamiento (1984) y posterior reincorporación (1998) de Bobby Kimball, voz principal; y la muerte prematura del baterista Jeff Porcaro, debida a una extraña reacción alérgica.

Como es de esperarse, cada músico aportó alguna particularidad al sonido de Toto, haciendo una música sumamente ecléctica. Puede decirse que Toto no hace un tema igual a otro, cosa en la que lamentablemente caen muchos “creadores de estilo” que al no desear apartarse del sonido que los hizo famosos, se repiten “ad infinitum”. Con inclinación al HR (estilo en el que mayormente trabajaban por entonces los sesionistas) y exploración progresiva, Toto le dio a su música una curiosa fusión de bases Disco y arreglos de Jazz que se aprecian en su primer trabajo homónimo de 1978, (donde se encuentra el mítico “Hold The Line”) o en temas como “Waiting For Your Love” de 1982. Asimismo, se puede reconocer en su música el tinte étnico, muy preciado por el rock progresivo, con ritmos de reggae y tambores africanos que condicionan completamente temas tan conocidos como “Africa” u otros más recientes como “Modern Eyes”. Ni que decir de las excelentes baladas que hicieron famoso al género completo (“I’ll Be Over You”, “I Won’t Hold You Back” y otras). Esta mezcla de estilos que podría resultar chocante, está realizada con buen gusto por el virtuoso guitarrista Steve Lukather y el tecladista y voz David Paich, verdadero núcleo creativo del proyecto. En definitiva: Toto, con toda su diversidad, no busca parecerse a nadie, y quizás ni siquiera a Toto, más que en la idea constante de la experimentación. Si es esto bueno o malo, queda al criterio de cada oyente.

Ahora: el nuevo disco. Titulado “Falling In Between”, sorprende una vez más por la novedad en su sonido. La primera pista, que dio título al disco, es una potente canción progresiva, de sonido pesado con guitarras fuertemente distorsionadas y unas exóticas escalas menores de reminiscencia árabe. Los siguientes temas tienen más que ver con trabajos anteriores en temática y estilo, “Dying On My Feet” es deliciosamente instrumentado y bien llevado por Kimball en voces, con rasgos progresivos en teclados y guitarras muy melódicas (cabe destacar el solo de Lukather) y una salida instrumental donde participan como músicos invitados Lenny Castro en percusiones, Steve Porcaro en sintetizadores, James Pankow en trombón, Lee Thornburg en trompeta y Ray Hermann en saxo tenor.

El tema de mayor difusión es “Bottom Of Your Soul” donde participa como invitado quien fuera el primer reemplazo de Kimball, Joseph Williams. Los dos temas siguientes “King Of The World” y “Hooked” son perfectos cortes de rock progresivo el primero con las tres voces clásicas de Toto (Paich, Kimball y Lukather) y el segundo con la participación de Ian Anderson (Jethro Tull) en flauta haciendo perfecto juego con la guitarra de Lukather. Luego regresa la calma con el sencillísimo “Simple Life”, entonado por Lukather y acompañado por la percusión de Jenny Castro, que finaliza prontamente luego de culminar el tema con un poco más de fuerza. Lo bueno, si breve, dos veces bueno.

“Taint Your World” es un tema de HR con muy buen ritmo ejecutado exclusivamente por la banda y con una sola voz al frente. El AOR de la primera época vuelve en “Let It Go”, con una base melódica muy buena en bajo y momentos instrumentales de Fusion que recuerdan las primeras épocas de Toto, sobretodo el último acorde del tema. Hay que destacar que la voz es llevada por Greg Phillinganes, la nueva adquisición de Toto, primeramente reemplazando a Paich en las giras y ahora como miembro oficial.

La especial voz de Phillinganes será también encargada de llevar adelante la conducción del, en mi opinión, mejor tema del disco: “Spiritual Man”. Un corte con preciosos coros Gospel y una letra conmovedora, un suave piano y delicados arreglos de guitarra en los momentos adecuados. Intervienen en voces en la tercera y cuarta estrofa Kimball y Paich, dándole el toque emotivo y reflejando la convocatoria de las letras, a un tema donde cada instrumento (aun las voces) está perfectamente medido y racionado para no saturar de estímulos al oído, pero dejando establecido el virtuosismo de cada individuo. En este tema intervienen como invitados la cantante Monet y Tom Scott en saxo para la línea melódica con la que culmina el tema, acompañado de todas las voces para luego bajar inmediatamente la intensidad y concluir finalmente. Cuando parece que el disco definitivamente llegó a su fin, “No End In Sight” propone una pista progresiva más, donde el ritmo es alternado y puede apreciarse a nivel general la intervención del antiguo miembro de la banda, Steve Porcaro en el sonido.

Resumiendo: “Falling In Between” es un excelente disco de Toto, que continúa la idea original del AOR, invitando al oyente a desmenuzar sus partes y disfrutarlas (que dista de la simple idea de hacer “rock tranquilo”) haciendo música que escapa a las etiquetas y aún a épocas, en un verdadero estilo sin tiempo.

(*) Músicos versátiles, prácticamente “anónimos”, que acompañan a celebridades que requieren de ellos para eventuales sesiones de grabación o en esporádicas presentaciones, sin formar parte de su grupo estable. Se puede disfrutar en línea de breves fragmentos –aunque no especialmente seleccionados- del disco, abriendo este archivo en cualquier reproductor de audio como Winamp o Windows Media Placer.

9.8.06

Esperanza viva

En las últimas semanas, el mundo vivió de cerca el conflicto recrudecido en Medio Oriente, una permanente “zona de riesgo” donde hoy, bombardeos y muerte son moneda corriente. Muchos intentos de sancionar LA PAZ (como si fuese posible promulgarla a través de un edicto) han fracasado. “Esfuerzos diplomáticos”, tal es el nombre que se ha dado a los poco eficaces pedidos de parte de USA y Francia (aunque ciertamente esto es mejor que nada), como también las actitudes de los gobiernos israelí y libanés, buscando un frágil equilibrio, mientras en el “campo de batalla” mueren los inocentes a diario. Uno aprende a no dolerse de estas situaciones, a considerarlas lejanas o irremediables y solo a veces un estímulo más fuerte llega a conmovernos hasta las lágrimas, aunque luego la coraza se vuelva más gruesa.

¿Hay posibilidades de lograr la paz? La pregunta resuena desde siempre en la conciencia humana, que impotente de cambiar su naturaleza, ha escrito muchas páginas de su Historia con letras de sangre que solo el tiempo nos ayuda a considerar como fríos términos numéricos y estadísticos.

En la vida de las personas, los sufrimientos pueden llegar a ser un medio para el perfeccionamiento, sin embargo esto no es apreciable en la humanidad, que no se encuentra encaminada a crecer en ningún aspecto y pasada la crisis no manifiesta cambios positivos. No hay propósito digno en los vanos enfrentamientos del ser humano. ¿Han logrado estos conflictos producir duradera paz? En la construcción de este anhelo, la carencia de propósito digno ha costado al hombre más vidas que cualquier enfermedad o catástrofe, y angustiosamente, se trata de un mal cuyo único responsable es el hombre mismo.

Ante el pasmoso paisaje que pinta, no solo un conflicto del último siglo o del último milenio sino la Historia de la humanidad misma, parece obvio inferir que el hombre no puede alcanzar la paz por sus medios, ni por los que ha fabricado para este fin. Ningún poder coercitivo, ninguna religión, ninguna fría metodología es capaz de volver la naturaleza humana para que busque el bien.

Pero aún así existe una ESPERANZA VIVA para el hombre que anhela verdadera paz. Hay sólo Uno que puede lograr lo que no consigue el poder, ni la diplomacia, ni la simple moral. Creer que la victoria personal es posible, que existe una razón para vivir en lugar de dejarse morir es el primer peldaño que lleva a escalar la cima coronada por la deseada paz. ¿En que ayuda esta exhortación a quienes hoy sufren? Poco se puede hacer, de palabra o de acción, por cambiar una realidad forjada a través de siglos y una reflexión puede no servir ni aún de consuelo para quien hoy es víctima del odio; pero no será inútil para quien desee aprovecharla.

Tanto como las víctimas fatales, me acongoja pensar en los abatidos sobrevivientes del horror. En esos desolados rostros, no es muy difícil imaginar las futuras incubadoras del odio, odio que a su vez generará violencia alimentando así un ancestral círculo vicioso. Aquí es donde el cambio personal puede obrar con gran efectividad, donde el perdón es capaz de romper las más gruesas cadenas y liberar al hombre de una pesada carga.

¿Delirio? ¿Utopía? ¿Ingenuidad? De ninguna manera. Palpable realidad desde el instante en que se cumple en uno mismo. Con fe y constancia esto podrá aún impregnarse en nuestro entorno y ¿Qué victoria podría ser más grande que ésta?

“…más vale el que se vence a si mismo que un conquistador de ciudades.” Proverbios 16:32

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