25.12.07

Todavía queda una semana en el calendario…

…y mientras otros hacen las maletas y hablan en pretérito del año aun presente, yo me encuentro escribiendo estas líneas que en principio iba a mandar por mail pero decidí publicar aquí.

Probablemente el fin de año represente trastornos para todos en alguna medida. Algunos nos vemos acosados por el fantasma de los compromisos pospuestos, esos que habitualmente se dejan “para el final”, “para hacerlos con tranquilidad”, o como hubiera expresado Roberto Gómez Bolaños en la voz de El Chavo, “para hacerlos toditos en montón a fin de año”. Lo único lamentable es que ese final o el momento de tranquilidad no llega, mientras si lo hace el fin de año, el inminente cambio en el calendario, como infranqueable límite para nuestras dilaciones, de modo que todos podamos realizar los balances correspondientes. Y está bien que así sea. En lo personal, solo desearía engañarme menos con la idea de que el tiempo se hace un espacio en estas fechas como si pudiera dejar de correr a la velocidad que siempre lo hizo. El continuum temporal podrá desearnos felices fiestas pero definitivamente no se detiene a mirar en nuestro calendario.

Otro tipo de trastorno estacional se produce en el trabajador de clase media, ese esclavo asalariado que odia visceralmente su trabajo, a sus jefes y que en esta época decide que debe descomprimirse de su “box” endeudándose para comer en dos días el presupuesto de un mes, alquilar aunque sea una choza en la costa al precio de un palacio y pasar 15 días cerca al mar porque algo le dice que esa es la forma de recompensarse tras un año de rutina mientras se repite mentalmente que “para algo se desloma trabajando todo el año, caramba”. Los once meses que siguen tendrá que pasar bastantes privaciones para pagar los gastos realizados en menos de un mes pero seguramente se consuele pensando “¿quién te quita lo bailado?”. Por mi parte, no me importa sonar materialista, pero no me gusta la idea de pasar el año privándome de lo que necesito. He vivido ya muchas privaciones y sería absurdo seguirlas viviendo ahora por elección propia. Como a muchos, me encanta viajar, y aunque no sea mi prioridad en este momento, cuando realmente necesité “cambiar de aire” fui capaz de hacerlo sin gastos dispendiosos. Por otro lado, detesto los destinos comunes: “El mar o la montaña” atreven apenas a enunciar aun las agencias de viajes a la hora de hablar de preferencias. Habiendo tanto para conocer, y tan solo en esta bendita tierra (para que no se me acuse de soñar con viajes exóticos) es una terrible señal de miopía que haya que elegir entre las ciudades balnearias (Mar del Plata, Villa Gesell, Pinamar, etc.) y Tilcara. Las primeras atosigan anunciando cada nuevo año que han superado el “record de visitas”, cosa que sólo demuestra que la gente no tiene sentido común para irse a meter a un lugar donde difícilmente pueda descansar y que probablemente le haga extrañar más todavía la ciudad (por cierto, quienes vivimos en una ciudad que no es destino turístico durante la temporada veraniega sabemos que en estos meses la urbe respirará paz cuando todas las actividades entren en receso y gran parte de la población haya migrado). La segunda es el cliché de “la montaña” y no tendría nada en contra si no fuese porque también se ha convertido en una suerte de destino fashion alternativo al que acude cada vez más gente.

Mi idea de vacaciones entonces es la siguiente: esparcimiento. Divertirse y apartarse de lo cotidiano es el mejor descanso. Enfrentémoslo: si estamos realmente hartos de habernos visto las caras todo el año ¿Para qué visitar un ecosistema que reúne a toda la fauna local? Por otro lado, si el “descanso” implica demasiada planificación, un esfuerzo extra para poder disfrutarlo y un compromiso gravoso para el resto del año, entonces no es tal. Es que para divertirse también es necesario tener un poco de creatividad, algo que no puede pedírsele a la masa, esa especie de monstruo temible por momentos y de mascota poco inteligente por otros a la que siempre terminamos aludiendo en este espacio.

Pero cada quien con lo suyo. Punto aparte.

Todo esto para decir que este año mis vacaciones serán cortas y trataré de aprovecharlas lo mejor posible. Desde el último post y por un tiempo considerable tuve la computadora de casa encaprichada y, entre otras cosas, no me dejaba entrar a la mayoría de los weblogs (entre ellos el mío). Pero nada puede resistir al mítico “format c:”, el comando para hacer “borrón y cuenta nueva”, tan solo hay que disponer de tiempo para restablecer luego todas las cosas como estaban.

Les deseo una feliz Navidad a los lectores de este weblog que además cumplió un nuevo año, con menos posteos que los anteriores (convengamos que podríamos abrirlo por primera vez desde el año pasado y leer todo de una sentada) pero con la firme intención de revertir este hecho el nuevo año.

Solo eso, estimados. Aprovecho para compartir unos cuantos videos navideños hallados en YouTube de temas conocidos y otros no tanto pero que conforman mi eclecticismo musical. Hay para todos los gustos, así que espero que los disfruten. ¡Felices Fiestas!

Waldo De Los Rios – Adeste Fideles (O Come, All Ye Faithful), Pequeño Belén (O Little Town Of Bethlehem) & La primera Navidad (The First Noel)

Ian Anderson & Band – God Rest Ye Merry Gentlemen

Jethro Tull – Ring Out, Solstice Bells

Shania Twain – All I Want for Christmas (Is You)

Eagles – Please Come Home For Christmas

George Thorogood, Hank Carter – Rock and Roll Christmas

Nat King Cole – The Christmas Song

21.10.07

Apolítico

No es lo mismo la llamada “apatía política” que se vive hoy y la condición apolítica. Aristóteles ya se encargaba de señalar que el hombre es un animal político. Podríamos decir que nadie que se considere a sí mismo “apolítico” puede ignorar que existe la política, como si fuese una planta o formara parte del material inerte del universo.

La apatía en cambio es un sentimiento de dejadez, que en este caso experimenta la sociedad por el continuo desencanto que sufre de parte de sus representantes. Podría pensarse “¿Qué es más apolítico que el sector indeciso del electorado?”, pero la masa juega un rol importantísimo en los cálculos electorales y no debe confundirnos su falta de identificación. Puede que la masa no encuentre a su referente político pero este siempre se encarga de acogerla (Por ejemplo, hace exactamente 3 años, en pleno fervor K, una encuesta de Clarín mostraba que la mayoría de la población se considera de “centroizquierda”. Sería interesante ver cuánto ha cambiado esa inclinación con el tema de la acentuada delincuencia e inseguridad). Menos apolíticas aun son las pretensiones de abolición del capital y del Estado de marxistas y anarquistas.

Por ello, hasta hoy, lo más cercano que me he sentido de ser “ajeno a la política” es comprender que las revoluciones son dolorosas y muchas veces desproporcionadas al cambio que producen. Que no me interesa cambiar las formas del Estado ni la estructura de poderes pese a lo mucho que detesto la democracia, esa palabrita complaciente que es capaz de usar tanto la derecha como la izquierda y aún el anarquismo cuando habla de “democracia directa”. Confiar en la conducción del pueblo sería tan necio como actualmente lo es confiar en la conducción de los “representantes del pueblo”.

En este punto quizás los lectores imaginen que no votaré en las elecciones para presidente del domingo que viene. Y no se equivocan, pero se debe a un asunto personal que espero solucionar hasta las próximas elecciones (o hasta el ballotage, lo que suceda primero) de seguir viviendo donde vivo.

Lo que he querido designar como “apolítica” no implica ser indiferente a la realidad (y la realidad ahora brinda una millonésima de responsabilidad que, según mi código de vida, no debe ser desperdiciada), sino indiferente a las tenues nociones existentes en la sociedad sobre la política, que terminan dividiendo en izquierda o derecha. Omitiendo la irrealidad de un “centro”, ambas posturas tienen elementos destacables y un tiempo para manifestarse. Es lamentable que la gente pase de un “no me interesa la política” (que como decía, favorece al oportunista de turno) a la adopción incondicional e irracional de una ideología.

Pese a que en esta ocasión deberé abstenerme del voto, no perdí la oportunidad de transmitir mi sentir a mis cercanos. Opciones, pese a la tímida campaña realizada, hay. Tenemos izquierdas para elegir en matices, alternativas de centroizquierda y oposición de centroderecha.

Lo único que debería tenerse muy en cuenta es que no debemos seguir alimentando monstruos como se hizo hasta hoy con los Kirchner. Hace un par de años escribía sobre la primera mitad del mandato de Néstor Kirchner y al día de hoy mi postura hacia este individuo no ha cambiado, y no solo suma desaciertos sino casos de corrupción y mentira sistemática. Hace rato que el electorado dice estar resignado a elegir al menor entre dos males (como hicimos en Tucumán con Alperovich, donde visto de manera práctica, pareciera no haber más alternativa) justificándolo con el hecho de haber realizado obras visibles para la provincia. En esta ocasión estoy convencido que hay “males menores” que Cristina Kirchner, la que promete más manipulación de los medios, rencor pseudoprogresista, corrupción y mentiras.

No voy a otorgarle más espacio en este posteo a los Kirchner. Mi intención es dejar en claro que no avalo la postura fría y autodestructiva de quienes dicen no interesarse en la política y de quienes votan a Bob Marley o Clemente. Aquí es donde hago mi diferencia entre apolítica o apartidismo y apatía electoral. Mientras el apartidismo es producto de la reflexión y provoca acciones en el ser, la otra es un vulgar producto de la desidia, la ignorancia y es potencialmente perjudicial para la sociedad (prueba clara de ello es que en medio de esta modorra las encuestas indican que Cristina gana en primera vuelta).

Para cerrar el desahogo de mi desazón ante este panorama y ante tantos que, cuando les digo que en esta ocasión no voto me dicen “¡qué suerte!”, les dejo un video de Little Feat, en su primera época junto a Lowell George y con Mick Taylor (miembro de los Rollings Stones en sus mejores años) como invitado especial. El tema para la ocasión: “Apolitical blues”.

14.10.07

La última mañana del invierno

Segundo había sido en realidad el primero en llegar a este mundo, pero nadie se enteraría jamás de esto desde el momento en que la partera, por error, le concediera ese honor a su hermano.

Su carácter complaciente posiblemente haya estado vinculado a este hecho, dispuesto siempre a relegarse, a preferir al otro y dar un paso al costado de ser necesario, o quizá un rasgo incipiente de su temperamento se encargara de convencer a todos que era efectivamente el menor, refrendando esta idea con su actitud a través de los años.

Vivir a la sombra de los demás nunca lo hizo infeliz en forma alguna. Estaba agradecido de no haber sufrido el desagradable bochorno de ser el mejor de su escuela, de no haber participado en cuanta competencia surgía y por las que su hermano, en cambio, se desvivía. Se había sentido aliviado también de no tener que seguir el negocio de la familia, que con el tiempo llegó a considerar como una actividad laboral segura pero que desde siempre le sabía tediosa, considerándola desmesuradamente pesada para su espíritu.

Le hubiera gustado, en cambio, pasar más tiempo en la terraza, encontrando formas en las nubes y figuras en los edificios que le tapaban el horizonte. Figuras esbeltas y rígidas que trataban de estrechar la mano de las que pasaban volando, dejando estelas rosáceas y amarillentas, perfectas, suaves, transparentes. No deseaba pintarlas, no quería describirlas con palabras ni capturarlas en una foto. No se sentía capaz de hacerlo con justicia, y tan solo deseaba que el espectáculo no fuese tan efímero, que la magia de esos minutos pudiera hacer frente a los sonidos de la ciudad que despertaba y los obligara a retroceder.

Una mañana, persiguiendo espectros del sonido, fantasmas audibles que rellenan cada intersticio del universo, Segundo penetró en el parque hasta un lugar inaccesible a la orquesta urbana.

Se había levantado muy temprano como de costumbre y había salido sin despertar a nadie. Corriendo en medio de filosas transmisiones mal sintonizadas, ruedas friccionando el asfalto y motores martillando el aire con pequeñas estocadas laterales se adentró en un remanso de tierra húmeda y silencio, de verde limpio y profundo que asomaba con remozada faz a un cielo que no quería despertar aún y con gesto somnoliento le sonreía, lo invitaba a subir y contemplar desde su lecho a las agitadas hormigas bajo su colchón, en el repetitivo ejercicio de vivir para ser alguien entre quienes no son nadie. Había contado los milenios desde la última vez que observó ese trajín en compañía de alguien que no fueran las vanidosas nubes indiferentes que lo hipnotizaban para no amanecer… Sería el primero en mucho tiempo en tener tal privilegio.

Por breves segundos lo único que Segundo sintió fue una quemadura fría en su espalda que ascendía hacia su cuello, un metálico sabor en su saliva y una mano intrusa que buscaba algo en sus bolsillos. Sin terminar de comprender que también se iría de este mundo antes que su hermano, ascendía feliz para despertar al cielo.

etiquetas y retorno a la “blogósfera”

Con un poco de tiempo el día de hoy decidí desempolvar este desamparado espacio. Cuando Blogger aún no tenía etiquetas no había cosa que deseara más que poder armar categorías para lo que escribía… finalmente, cuando este estrenó su sistema y me incitaba con “libere al bibliotecario que lleva adentro” me parecía una tarea imposible etiquetar mis entradas viejas. No porque fueran muchas (incluso hoy no son tantas), si no porque no encontraba las adecuadas divisiones para las mismas.

Por otro lado este espacio ya no guardaba solamente letras improvisadas, así que crear una categoría llamada “cuentos”, por ejemplo, me parecía un tanto contradictorio. Decidí dejar mi acostumbrado “desorden” como estaba, hasta que hace unos días volví a enumerar mentalmente las ventajas de la categorización.

Ahora, nuevamente frente a la computadora, no recuerdo ninguna de ellas y mucho menos tengo un plan para organizar esto, pero estoy decidido a hacerlo de una vez por todas. Algunas cosas no están pensadas para caber en ningún lugar y sencillamente quedarán así, no me gustaría generar más categorías que entradas. Solo espero que esto sirva al lector y navegante a encontrar lo que le interese más en este espacio y comprobar quizá que las mismas ideas se repiten en el tiempo y solo nosotros cambiamos nuestro lugar y punto de vista. Y a veces ni siquiera esto.

9.7.07

Células automatizadas

Rompo el silencio para presentar dos nuevas animaciones, esta vez con la temática de los autómatas celulares. Se llama así a un conjunto de celdas generadas automáticamente a partir de una configuración inicial y de reglas preestablecidas. Quizás el conjunto de reglas más conocido sea el llamado “Juego de la vida” ideado por el matemático John Conway (que determina la supervivencia, nacimiento o defunción de una célula en función de la cantidad de vecinos que la rodean), aplicado en el primer video. No obstante, la elaboración de reglas propias puede enriquecer la experiencia cuando estas son pensadas y aplicadas adecuadamente.


El primer video surgió tras encontrar una de las doscientas cuarenta soluciones que presenta (según el mismo J. Conway) el rompecabezas conocido como “cubo Soma”, formado por siete policubos diferentes. Luego de extraer un par de piezas al azar, estamos en condiciones de aplicar el “Juego de la vida” a la configuración resultante durante 3 generaciones sucesivas, pero en lugar de hacerlo tridimensionalmente, se emplea un vecindario de Von Neumann bidimensional tomando capas verticales. De continuar con el ejercicio podríamos apreciar que las formas generadas se vuelven redundantes a partir de la 5º generación, mientras que un vecindario tridimensional presentaría una variedad mucho más atractiva.


El segundo video es un concepto arquitectónico elaborado a partir de autómatas celulares unidimensionales.

1º Partiendo de una configuración de celdas azarosa dispuestas en fila, la aplicación de un conjunto de reglas de supervivencia elegido produce una malla bidimensional compuesta por 20 generaciones de autómatas lineales.

2º Una vez obtenida, la malla se “traduce” a la tercera dimensión estableciendo una regla para determinar la altura de cada uno de sus puntos. En este caso, cada segmento atraviesa cinco celdas que determinan la altura en metros del próximo punto de la malla en función de la cantidad de celdas vivas que presente.

4º Antes de continuar, se realiza el planteo funcional del edificio (en este caso un Centro de Arte y Diseño), para luego adecuar la malla tridimensional de geometría no convencional y los espacios euclidianos propuestos en un único resultado formal.

5º Un concepto paralelo se emplea para desarrollar la materialidad de la envolvente: mientras algunos sectores son totalmente transparentes, otros deben tamizar la luz en forma puntual.

El resultado final es una suerte de anteproyecto formal arquitectónico, pendiente de muchos ajustes en cuanto a estructura y función, pero de un aspecto bastante novedoso, favorecido por las búsquedas formales en la geometría no convencional. Cabe mencionar que este proyecto se desarrolló en el marco de la materia electiva “Arquitectura Fractal” dictada en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UNT y que fomenta la exploración de geometrías no euclidianas y su posible aplicación en la arquitectura.

30.5.07

El deporte sin altura

Que el futbol de las estrellas es un negocio multimillonario lo puede reconocer aún el más fanático seguidor de cualquier camiseta. La pasión que siente un hincha por sus colores y su club siempre dará buenos réditos a quien pretenda especular con ella y como en cualquier negocio, quien vislumbra primero la oportunidad tiene la posibilidad de sacarle las más jugosas ganancias.

Aunque el futbol no se encuentra entre mis predilecciones deportivas (tanto para observar como para practicar, prefiero el básquet), he aprendido a apreciarlo. El vivir en un país donde este es el deporte nacional, país cuna de uno de los mayores genios (si no el más grande) en la cancha y donde se percibe esta pasión en cada persona, hace una tarea casi imposible el ser indiferente. Por otra parte, atesoro entre mis recuerdos más preciados algunas frías tardes de invierno (como las que se viven anticipadamente en estos días), tardes de mis primeros años en Tucumán, visitando durante los entrenamientos, la cancha del club Sportivo Guzmán (un club casi amateur) junto a mi padre que trabajaba entonces allí. Entre esas paredes pude comprender lo que significaba el deporte para esos jugadores que llegaban al entrenamiento en bicicletas o a pie, luego de terminada su jornada laboral. Con esto no quiero caer en aseverar que el futbol y el amor por el equipo solo existen en estas condiciones, si no que su lectura es más clara de esta forma.

Lo realmente desagradable es cuando el futbol deja de pertenecer a los hinchas, de clubes grandes o pequeños, y cae en las garras de lo que son verdaderas mafias (y léase aquí las siglas de toda esa caterva de acomodados, que dudo, tengan una idea de lo que significa el deporte; que manejan reglamentos, organizan eventos y venden derechos de televisación). Estos que aun creen que pueden disponer de las fuerzas del orden público y se quejan de que no hay suficientes efectivos policiales en las canchas para controlar la violencia que ellos fomentan. Estos repugnantes personajes no pueden estar a la altura del futbol ni de ningún otro deporte y como si estuvieran enterados de esta metáfora, ahora han decidido “poner el futbol a su altura”.

Hace muchos años que se esgrime la cobarde idea de que “jugar en la altura es inhumano”, concepto enunciado por un DT argentino y que nos hace preguntar si bolivianos, peruanos, ecuatorianos y colombianos acaso serán sub-humanos. Ahora la FIFA decidió hacer oficial la medida de que los partidos internacionales deben ser disputados por debajo de los 2500 metros. El organismo argumenta que debe proteger “la salud de sus jugadores”. Evidentemente, se refiere a la salud de “sus” jugadores argentinos y brasileros, esos que les reditúan más dólares, que son superestrellas internacionales y delicados como señoritas (o digamos “metrosexuales” para ser condescendientes). Imagino que estos señores encorbatados alguna vez visitaron un estadio en altura y comenzaron a asfixiarse de inmediato por la “falta de oxigeno” e inclusive piensan que les hacen un favor a los “subnormales” al llevarlos a su altura donde no deberían tener problemas si total, “hay más oxigeno”. Para completar su buena obra, los dirigentes de la FIFA podrían iniciar un plan de vivienda social o al menos sembrar maíz en esos estadios que ahora son un desperdicio de terreno y que “casualmente” están en las capitales de los países andinos sudamericanos.

Que la altura es un desafío para cualquiera que viaja desde una localización a nivel del mar no es un mito, y de hecho puede entenderlo un escolar sin los “estudios” que luego de tantos años impulsaron a la FIFA a tomar esta decisión. La altura es algo que puede molestar (y no lo hace siempre, puedo dar fe) a cualquier hijo de vecina pero no a un deportista en buen estado físico. Además, si la medida es tomada en nombre del “juego justo” ¿Dónde estaría la justicia para el equipo obligado a jugar siempre de visitante? El portavoz de la FIFA, Pekka Odriozola dijo "Por lo que yo conozco todos los países tienen un estadio por debajo de esa altitud mínima en la que podrían jugar" ¡Por supuesto! ¡Como pudieron olvidar peruanos y bolivianos que con el helicóptero pueden estar en cualquier parte de sus países en muy poco tiempo!

Si queremos ser “justos”, ¿Por qué mejor no dar los 20 días de “adaptación a la altura” necesarios a todos los jugadores (los que suben y los que bajan) de ambos equipos, si hay cuatro años entre mundial y mundial? Si los partidos se juegan de cualquier forma de ida y vuelta, cualquier “ventaja” (legitima, por cierto) geográfica, orográfica o climática se compensa en algún momento. ¿Qué temen las confederaciones de futbol, que Argentina o Brasil no clasifiquen al mundial? Eso es absurdo, por que las ventajas de estas selecciones sobre las demás son muy claras, altura de por medio o no, y de últimas, la FIFA podría “invitarlos” al mundial si acaso quedaran afuera. Lo que en realidad preocupa a brasileros y argentinos es la dificultad de apoderarse de campeonatos en esas alturas y como sus confederaciones pesan mucho, la FIFA prefiere darles el gusto.

Un lamentable triunfo de las ambiciosas mafias futbolísticas por sobre el espíritu del buen juego, ese que ellos invocan con la manoseada expresión “fair play”, y que como toda la justicia humana, es inmunda.

18.5.07

composición fractal

Quiero presentarles un pequeño “engolosinamiento formal”, realizado en momentos libres de esta semana. La idea surgió al escuchar en “La Mágica Web” la composición llamada “Arañas”.

De intencionalidades arquitectónicas, esta composición volumétrica responde a principios de Geometría Fractal pero con algunas reglas propias, más o menos caóticas. Quizás la forma resulte aun demasiado rigurosa para Arquitectura, pero significó un ejercicio formidable (de más está decir cuánto me gusta la Geometría) y además la oportunidad de practicar un poco de animación en 3D y edición de videos, fuera del marco de los tan admirados “fotorealismos” que están de moda en prácticamente todos los estudios de Arquitectura.

Para brindar algunos datos “técnicos” más: La forma es producto de la iteración de un poliomino (figura compuesta de elementos cuadrados) extruido en tres alturas diferentes, según las tres escalas en las que se presenta. El factor numérico de relación entre escalas es de 1 / (13^(1/2)) o “uno sobre raíz cuadrada de trece”.

Un agradecimiento especial a Eduardo Abel Gimenez por la música y su Mágica Web, que sigo hace tiempo y recomiendo encarecidamente desde aquí (allí podrán encontrar muchas composiciones más entre relatos, novelas, artículos, fotografías y humor gráfico de este prolífico autor).

6.5.07

intempestuoso, sa.

  1. adj. Que es intempestivo e impetuoso a la vez.
  2. adj. Dicho del carácter de una persona, implica que es torpe e inoportuno. Se usa en sentido similar a su falso antónimo: tempestuoso.

13.4.07

Snoopy contra el Barón Rojo

A raíz del post anterior, también estuve recordando a los personajes de Peanuts. Probablemente, el personaje más popular de Charles Schulz sea el sabueso llamado Snoopy. Éste inteligentísimo can, vivía todo el tiempo aventuras imaginarias y una de ellas era la que lo convertía en Flying Ace (o el As del Aire) peleando contra su enemigo, el Barón Rojo.

El siguiente video es una composición del genial baterista Billy Cobham, para su primer disco solista: “Spectrum” de 1973. La formación original de la banda para este trabajo contaba con el guitarrista Tommy Bolin y Lee Sklar en bajo (quien, dicho sea de paso, actualmente cubre el lugar de Porcaro en el tour de Falling in Between de Toto) entre otros. El video fue filmado durante una presentación de Cobham en Cannes en 1989 y la banda es diferente. No obstante, la interpretación es excelente y destacable la participación de Peter Wölpl en guitarra y Rita Marcotulli en piano. Sin más palabras, les invito a disfrutar de “Snoopy’s Search/Red Baron”.

Advertencia: el video dura casi nueve minutos, puede demorar un poco en cargar completamente.


11.4.07

Reconociendo

En lo que ahora es una abundante biblioteca, minutos atrás (mientras buscaba un manual que no uso a menudo), hice un grato descubrimiento de manera accidental.

La primera vez que me presenté a un certamen literario lo hice a través del colegio. Éste estaba organizado por una pequeña editorial, que a su vez revendía libros de editoriales extranjeras y, a modo de publicidad, regalaba a cada participante un librito. Los títulos eran muy variados y otorgados al azar. Por entonces, mi biblioteca era muy reducida y esperaba con ilusión este libro para sumarlo a una Biblia en “versión popular”, de lenguaje sencillo; un breve diccionario escolar; “El Principito” de Antoine de Saint-Exupéry (la primera novela que me regalaron) y una serie de libros infantiles, tres de manualidades y cuatro del “Gran Libro de Preguntas y Respuestas de Carlitos” (que recientemente, gracias a Imaginaria, supe que constaba de 6 tomos en total). Circunstancias que llevaron a mi familia lejos de casa prorrogaron mucho el tiempo en que disfrutaría de los libros de mis padres, por lo que cada adquisición resultaba sumamente grata.

El ejemplar que añadía entonces a mi colección se llamaba “Paradigmas. Mitos, enigmas y leyendas contemporáneas”. Para hacer una corta reseña: forma parte de una colección de libros con el mismo título de la editorial española Nueva Lente SA, siendo este el tomo Nº23. En la contratapa menciona solo tres capítulos de los cinco que contiene: “Rasputín”, “Milo o el atleta” (que en el interior del libro se titula “Milón. La realidad y la leyenda”) y “El milenio” (titulado en el interior como “El Pavor al Milenio”). Los “extra” de este libro corresponden a los capítulos “PAX. Paz en la tierra” y “El vacío”. La colección está construida en base a colaboraciones de diferentes autores sobre personajes históricos de porte mítico. El libro aparece clasificado como de “Esoterismo”, lo que resulta llamativo si consideramos que era el regalo para un escolar, pero las ideas que presenta son sencillas y aún se le podría señalar una carencia de profundidad. Este regalo, que había recibido muy entusiasmado, terminó decepcionando mis expectativas de narraciones fantásticas y misterios, debido a que no estaba escrito en ese plan, pero tampoco podía pasar por una investigación seria al no citar ni una sola fuente al finalizar cada capítulo, más allá de las que menciona como al pasar en algunos capítulos.

Muchos de los libros que uno lee parecen destinados al más profundo olvido. Sin embargo, mientras pasaba las páginas y leía los subtítulos de “Paradigmas” recordaba muy bien los párrafos y muchos detalles que habían impregnado mi memoria, como la colosal ingesta de Milón antes de una competencia y algunas hazañas que recordaba como si hubiera visto en una película; el singular capítulo llamado “El vacío”, consistente en dos frases: “…nadie dijo nada” de Pezoa Véliz y unas cuantas hojas (en blanco) más adelante, un desafiante “… ¿Y usted?”. También en este libro, leí por primera vez sobre Rasputín, antes de encontrarlo en otras lecturas mucho más prejuiciadas.

Como reconocía antes, no se trata de una joya literaria, ni tampoco de investigación. Pero el hallarlo me hizo revivir una sensación semejante a la vivida cuando la esperada biblioteca finalmente llegó: libros cuyas figuras pensaba olvidadas y a cuyas letras apenas había asomado muchos años atrás o había escuchado en boca de mis padres, ahora, al alcance de mi mano. Por todas partes había recuerdos en pequeñas piezas, algún párrafo, alguna figura o por lo menos, tapas y lomos.

Es indescriptible el efecto de “descubrir” algo conocido, y con mayor razón cuando este algo es tan abrumador como una biblioteca entera. En su momento, traté de prolongar esta sensación el mayor tiempo posible, desempacando de a poco los ejemplares, pero resultó tan incómodo convivir con las monstruosas cajas que un día la experiencia debió cortarse definitivamente para colocar en sus nuevos lugares todos los libros. Pese a todo, hallazgos como el de hoy me hacen entender que siempre podré encontrar estos “tesoros” que embriagan de extraordinarias sensaciones olvidadas, aun cuando ya no vuelvan a ser tan impactantes como las que se sienten al encontrar una biblioteca, volver a ver películas memorizadas al detalle en la infancia o sentir aromas solamente soñados, en las calles que alguna vez nos vieron crecer.

31.3.07

Mate cocido y “vigiladores”

Hace poco conversando sobre algunos usos de moda, una persona me llamó “purista”. Esta denominación no me aflige ni me halaga, aunque considerando a otros que se han ganado el apelativo de “puristas del lenguaje”, podría sentirme en todo caso más cerca del cumplido. Antes de abrazar el término, sin embargo, es necesario pensar un poco ¿qué es un purista? Entiendo que se llama así a alguien que evita cambios en sus doctrinas o reglas (ya sea en lenguaje o hábitos) y en este caso, casi equivaldría a negar cualquier evolución del lenguaje o la moda, cosa que no se encuentra en mi ánimo. Por otro lado, algunas de las obras que más he disfrutado se caracterizan por su poco “purismo” de lenguaje, casi al punto que es una fórmula eficaz para la literatura. De cualquier forma, transgredir nunca ha sido tarea fácil.
Se supone que el purista tampoco admite extranjerismos. Pero afrontémoslo: si todo tiende cada vez a estar más interconectado ¿no es normal que terminemos por adoptar muchas palabras foráneas en nuestra comunicación? Los neologismos también forman parte de esta tendencia de expansión y avance vertiginoso, bautizando sin cesar a cuanto hijo de la tecnología encuentra a su paso.
¿Purista? No sé si será el calificativo más fiel. En todo caso, y como no le temo a las connotaciones, prefiero el término intransigente. Cierto es que el mismo parece vago si lo aplicamos al lenguaje, pero no pretendería describir con una sola palabra el criterio que me guía.
En todo caso, el mejor acercamiento probablemente venga con un ejemplo. Hace instantes, escuchaba por radio algunas novedades sobre el caso Garcia Belsunce (un homicidio en un barrio privado que ocurrió en 2002 y cuya investigación, por corrupción o falta de pericia, avanza en forma absurdamente lenta) que implicaba el testimonio de un “vigilador”. A medida que la periodista repetía la palabreja, mi atención a los detalles se extraviaba en pos de aquel “vigilador”. Por supuesto, el uso cotidiano me permite comprender que está hablando de un agente privado de seguridad, pero mi atención no se dispersa por ese motivo, si no que busco una explicación a la pregunta inmediata ¿Por qué no puede decir, para referirse a este empleado, sencilla y directamente la palabra “vigilante”?
A Ud., lector, que llegó quizás buscando alguna noticia relacionada al mentado caso; como también a Ud., que llegó buscando la “relación entre el lenguaje castellano y la música barroca” o como “descargar el hit del verano para su celular”; me siento en la obligación de comunicarle que, no importa cuánto y que medios repitan esta construcción, o aun cuantos se autodenominen de esta forma; la palabra “vigilador” NO EXISTE.
En Argentina, hay una masa dulce (o factura) llamada “vigilante”, porque era consumida preferentemente por los guardias de ronda durante sus turnos de vigilancia. Otra versión indica que los nombres de las facturas (“vigilantes”, “sacramentos”, “bolas de fraile”) provenían de una huelga de panaderos anarquistas. Inevitablemente, el vulgo aplica el nombre a todos los policías por extensión y en estratos que lindan con la marginalidad, el término “vigilante” o “botón”, se utiliza de forma peyorativa. Imagino que por estas connotaciones se opta por llamar a los agentes de seguridad como “vigiladores”, en un deseo, tal vez sincero, de no ligar al policía con el empleado privado. La palabra “vigía” (del verbo vigiar, proveniente del portugués), también tiene una connotación muy marcada y aunque su acción es más aproximada a la del agente que vela un territorio desde un puesto fijo, parece sacada de una historia de viejos lobos de mar. Como somos incapaces de buscar un sinónimo adecuado o de recurrir al extranjerizante security (seguridad), preferimos poner en circulación un disparate que solo resultaría tierno escuchar de la boca de un niño que está aprendiendo a hablar.
Cuando no terminaba de tragar el término, la desafortunada periodista mencionaba también los “prejuiciamientos” alrededor del caso, cosa que terminó de hacerme sentir burlado por la nota.
Con esto concluyo mi caso, apreciados lectores. Mi llana intolerancia hacia ciertas tendencias idiomáticas, como la redacción de interminables parlamentos abreviados por SMS (SHORT Message Service) o la invención de palabras innecesarias, no responde a algo tan cabal como el purismo, sino más bien a la aversión a cierta pereza mental, o quizá simple ignorancia, que demuestran algunos a la hora de emitir un mensaje.

27.2.07

El SPAM contraataca

Recordando otras épocas de la blogosfera, hace unos días decidí remover la verificación para dejar comentarios. El primer motivo para esto es que son varios los que me refirieron que no pueden comentar en el blog, porque no ven la imagen con la palabra a copiar o porque simplemente no terminan de entender cómo funciona el asunto (no todos tienen la facilidad de las nuevas generaciones para comprender instintivamente los mecanismos de la red y, por experiencia digo, uno puede fracasar donde muchos otros triunfan sin demasiado esfuerzo).

En segundo lugar confieso que me importuna un poco aquella palabrita. Por algún motivo que desconozco, el 50% de las veces leo mal alguno de aquellos caracteres deformados y, como dándome un golpecito en la nuca, Blogger cambia la palabra y ofrece la segunda oportunidad. Ni hablar de cuando esta situación se presenta las pocas veces que comento en mi blog. Así que espero de esta forma aliviar algún espíritu afín, librándolo de la tediosa verificación.

Este post se debe a que, lamentablemente, en cuanto quité la protección ingresó uno de aquellos comentarios automáticos que dicen que maravilloso y útil es mi blog mientras arteramente introducen un enlace a otro sitio, así que habilité la moderación de estos. Quiero entonces aclarar que TODOS los comentarios seguirán siendo publicados como antes, solamente que no aparecerán de inmediato en la página, sino cuando los haya recibido en mi correo.

Cordiales saludos para todos.

23.2.07

Cacería de piratas

YouTube.com, la popular página de alojamiento para videos de transmisión web, deberá remover por intimación de Viacom, aquellos protegidos por derechos de autor.

Cuando alguna noticia sobre la lucha legal emprendida por grandes empresas llega a mis oídos, me parcializo de inmediato con los “infractores”. Hace pocos días escribía sobre el plagio y la falta de protección de la propiedad intelectual en muchas producciones populares. El caso de hoy representaría prácticamente el extremo opuesto: cuando el trabajo de un artista es tan preciado que se persigue con afán a quien hace uso de este sin ajustarse estrictamente a las clausulas que condicionan su difusión. Viacom ahora ha solicitado que se quite de la página todos los títulos subidos sobre los que tiene derechos y es solo cuestión de tiempo para que esta actitud sea imitada por otras compañías.

En general, las producciones más visitadas en YouTube, son amateur (vamos a omitir en esta consideración que dichos videos también violan en alguna manera derechos de autor al usar música u otros contenidos sin autorización). El fenómeno que hizo ampliamente conocido este medio en los últimos dos años es el masivo interés que despertaron ciertos videos, donde perfectos desconocidos de cualquier latitud subían sus imágenes y se retrataban interpretado canciones, monólogos, parodiando otras producciones, o sencillamente registrando algún absurdo. Personalmente, reconozco haber engrosado el número de visitas de muchos títulos destacados en la página principal, como “Edgar se cae”, donde un niño mexicano es víctima de una broma de sus “amigos” que lo tiran al agua y filman el hecho; o el video de un grupo de hermanos de entre 9 y 12 años de la provincia de Salta, interpretando un tema de Sepultura, donde el menor de ellos, a cargo de la guitarra y la gutural voz “transportada” a su tono pre-adolescente, vestía una remera de Pokemon (muy comentada entre los casuales espectadores) más acorde a su edad que las letras de la banda brasilera de Metal. En ambos casos, los protagonistas trascendieron el mundillo virtual para aparecer en otros medios como la televisión, a través de noticieros locales y programas de variedades.

Considerando estos hechos, podemos fácilmente comprender que YouTube no ve amenazada su existencia por eliminar algunos videos de su base de datos. A estas alturas cuenta con una comunidad bastante grande, conformada por usuarios anónimos que navegan sus páginas y aportan a la estadística, usuarios registrados que pueden subir videos y comentar en los de sus pares y otros que completando cierto perfil tienen la posibilidad de subir videos más largos y gozar de beneficios adicionales. Pero este grupo no sería tan numeroso sin los que arribaron buscando precisamente “contenido pirata”. Aunque existe un deseo de exhibición que encuentra su mercado entre los curiosos navegantes (muy similar a lo que sucede en los blogs y que merece un post aparte) que mantienen esta tendencia candente, una buena porción de los usuarios del servicio no está interesada en el ridículo ajeno y en todo caso atiende de rebote a algunas de las ofertas del sitio. No es mi intención juzgar sobre el uso que se le da a estos medios o el motor que los lleva a tener tanta acogida; porque son muchas las veces que el ocio nos encuentra sin un plan predefinido y no es raro que una actividad tan popular capte nuestra atención en esos momentos. Pero estos fenómenos no subsisten sólo con los minutos libres de algunos, sino que son una tarea de tiempo completo para muchos. Volviendo al ejemplo de los blogs: si a partir de hoy se borrara todos aquellos que no se ajusten al paradigma de la bitácora escrita como un diario íntimo, todavía tendríamos una cantidad enorme de estos, mantenidos y visitados por gente con el mismo interés, cuyos comentarios probablemente se limitarían a “hola, pasaba, chau”, “jajaja, muy bueno, pasate por mi sitio” (esto es inevitable en un mundo que tiene más blogs que lectores); pero ciertamente perderíamos una gran cantidad de otros, que aunque no lleguen a ser mayoría, aportan variedad a la tediosa homogeneidad de los sitios de moda.

Actualmente, muchos contenidos alojados en YouTube pueden ser considerados infracción de copyright, entre ellos, videos musicales, episodios de series, fragmentos de películas, selección de escenas, clínicas y demostraciones de músicos, algunos muy difíciles de conseguir o que no justifican la adquisición del producto. Por otra parte, aunque la industria musical quiera elevar los videoclips a la categoría de Arte, la intención original de los mismos (y en concordancia con la ideología de estas empresas) y su función más inmediata es promocionar la música. El producto del artista no es el videoclip, sino en todo caso, la pista de audio que se busca promocionar por un medio audiovisual. El director y otros empleados que se contratan para este fin ponen su arte al servicio de la industria que los contrata, con el fin de dar a conocer a su “protegido”. ¿Cuál es el daño que se le hace al artista difundiendo a través de Internet su video? Absolutamente ninguno. Seguramente, aquellos menos famosos inclusive ven un gran potencial en este hecho. Los únicos perjudicados son aquellos que lucran con la difusión de estos a través de medios como MTV (asociado a Viacom) y que han creado una cultura alrededor de lo que es en esencia material publicitario. Se trata de una maniobra mezquina que además arrastra consigo muchas producciones que hace tiempo no se encuentran en circulación en sus cadenas. Seamos sinceros: es comprensible que la industria quiera fomentar las ventas del último DVD de Shakira o que poniéndonos muchas trabas consiga que desembolsemos algunos pesos por el histórico “Unplugged” de Nirvana, pero ¿qué puede pretender al quitar el videoclip de “Gonna Make You Sweat” de C+C Music Factory? Se trata de un tema no muy lejano en el tiempo pero que la generación joven actual prácticamente desconoce y dudo muchísimo que estuviera interesada en comprar. Así, muchos de estos paradigmas de la creación de videos musicales, simplemente son apartados de nuestra vista. Aún más lamentable es la eliminación de los videoclips que son manejados por estas cadenas en Europa o Asia pero que nunca llegan aquí (excepto a través de la red) por falta de mercado.

Pero estos casos no le interesan a la industria, porque sus pérdidas en concepto de contenidos que si son redituables y que por ahora circulan libremente por Internet son mucho más importantes en comparación. Además, si la industria es justamente la antítesis de la producción artística pura ¿por qué iba a interesarse en un hecho cultural, aunque este esté fuertemente relacionado con la misma?

La tiranía de los “derechos de autor” ejercida por las corporaciones está sumándose una nueva victoria. Y a no dejarse confundir por su discurso, porque la industria no lucha contra la libre difusión con el interés de resguardar el patrimonio de sus artistas. A diferencia de la propiedad intelectual, que es intransferible, la difusión es propiedad de las corporaciones y al interferir con su comercialización se está afectando principalmente su economía y no tanto a los artistas como habitualmente se cree, quienes en realidad perciben mucho más por sus apariciones y shows.

Se nos ha inculcado la idea de que estos contenidos portan una parte del artista (como las fotografías que “robaban” el alma de los aborígenes) y que el difundirlos en forma gratuita va matando lentamente al mismo, mientras su distribución a un precio casi estandarizado es la justa retribución por lo que se nos brinda, y si no tenemos el dinero para pagarlo debemos ir limitándonos progresivamente a la contemplación de algún “artista de segunda línea” (muchas veces más talentosos pero, desafortunadamente, menos publicitados) hasta terminar observando por la ventana a nuestro vecino que toca el saxofón. Este es un razonamiento absurdo, que en un mundo abundante en posibilidades y ricamente interconectado, quiere confinarnos a un primitivismo intolerable. La “piratería” quizá resulta adversa a la industria de forma inmediata, pero contribuye a la creación artística y su evolución, que a su vez son el sustento de los mismos productores, con su avezado sentido para anticiparse o forzar tendencias.

YouTube tiene alternativas y preferirá llegar a un acuerdo para sobrevivir de la mejor manera al embate de Viacom, evitando luchas legales como la que hundió hace algunos años a Napster, pero ¿cuánto más tardarán los usuarios en aburrirse con la oferta “permitida” y sus tópicos que empiezan a repetirse? ¿cuántas veces más puede ofrecérsele al paladar de los internautas el mismo plato recalentado? Sin la variedad actual, el atractivo de YouTube es considerablemente menor.

¿Quién quedará obsoleto antes, la tecnología o las corporaciones? Es difícil anticipar un final a este enfrentamiento que acompaña el desarrollo de Internet desde su popularización y que solo va cambiando los actores: ante la aparición de nuevas alternativas se inician los procedimientos legales para contrarrestarla. Mientras tanto, las cabezas de los “piratas” siguen rodando.

(*)Imagen: estampado de una remera.

5.2.07

Beethoven y el animé

Aprovechando el tiempo de vacaciones, pude disfrutar de ciertas actividades que durante el año solo realizo esporádicamente. Entre ellas están el sentarme a ver una película totalmente libre de la presión del tiempo o aun recostarme y escuchar mis discos sin hacer nada más.

Ahora, aunque me fascina la estética japonesa para las artes y mucho de su cultura y filosofía, algo que nunca asimilé ni me agradó demasiado, a excepción de uno que otro dibujo animado clásico de la infancia, es el anime (por otra parte, entonces era escaso en nuestro occidente). Sin embargo en esta semana, debido a una encarecida recomendación y animándome el hecho que en la trama tiene rol protagónico la Sexta Sinfonía de Beethoven, pude disfrutar del corto de animación “Goshu el violonchelista” (Sero Hiki no Goshu) de 1982.

Se trata de una preciosa narración sobre un joven músico que vive en un pueblo del Japón de la primera mitad del siglo pasado y que intenta perfeccionar su ejecución para el día de un recital; a partir de las severas reprensiones de su maestro y conductor, que lo señala como el eslabón más débil en el conjunto, en el escaso tiempo que resta Goshu pasa solitarias noches de práctica, pero en su rutina irrumpen sin invitación unos curiosos visitantes, a los que en principio se muestra hostil. Estoy seguro que cualquier músico puede apreciar esta singular historia (y sin duda, extraer también una enseñanza) sobre el crecimiento espiritual de Goshu.

Haciendo un gran paréntesis, quisiera contar un hecho particular relacionado con la misma. Como todo material que luego de caer en mis manos tiene la virtud de llamar positivamente mi atención, lo miré por segunda vez para procurar extraer aquello que inevitablemente pasa de largo en la primera apreciación. La película solo tenía audio en el idioma original y subtítulos en inglés, lo que me obligó a abstraerme un poco de la palabra hablada para comprender completamente la trama pero en la segunda observación y desatendiendo un poco los subtítulos, escuché varias veces la palabra “tanuki” para nombrar a uno de los personajes, que el traductor había nombrado “raccoon” (mapache). Sin embargo, la palabra “tanuki” (aún sin saber absolutamente nada de japonés) y la apariencia del animal me resultaban conocidas…

Con apoyo de la wikipedia (en la cual no termino de perder la fe) pude localizar justamente al animalito que estaba buscando, el Nyctereutes procyonoides, conocido como “perro mapache” o simplemente “tanuki”. A pesar de su semejanza con un mapache, este animal es un cánido y está en todo caso más cerca de los zorros. El motivo por el cual la palabra me sonaba conocida se debe a la historia llevada al cine en 2005 por Seijun Suzuki, cuyo título comercial en occidente es “Princess Raccoon”. La conocida actriz asiática Zhang Ziyi (que trabaja en largometrajes mundialmente famosos como “La Leyenda del Tigre y el Dragón”, “Héroes” y “Memorias de una Geisha”, por nombrar sólo algunas) interpreta a Tanuki-hime, una princesa y divinidad, inspirada en la mitología japonesa, que se enamora de un hombre.

Leyendo un poco más en la red pude comprobar que este incomprendido animalito, al que insistimos en identificar con un mapache, es muy importante dentro de la cultura japonesa, quienes en su panteón le asignan un rol como contraparte del zorro, ambos espíritus traviesos pero el primero bueno y el segundo malo. A estos se les atribuía la capacidad de cambiar de forma y algunos poderes sobrenaturales. En la actualidad es posible encontrar estas referencias culturales mayormente en el anime, pero también en algunos videojuegos de fines de la década del 80 (por supuesto, de origen japonés), como aquel Super Mario que adquiría la posibilidad de volar vistiendo un traje de Tanuki o también el menos conocido “Pocky & Rocky”.

La aparición del tanuki en esta producción, además del comentado entretenimiento que me brindó por unas horas, marca un momento muy importante en el desarrollo de la historia: el protagonista sufre una notable inflexión en su carácter: si bien comienza tratando al tanuki con la misma hostilidad que a sus anteriores visitantes (un gato y un ave), a causa de las palabras y la actitud sorprendentemente profesional del cachorro (que se presenta como percusionista), Goshu depone su orgullo y se coloca en un plano de igualdad para practicar con su nuevo compañero. El hasta entonces rígido violonchelista está recibiendo una lección de la naturaleza, esa misma que inspiró, salvando las distancias, a Ludwig van Beethoven a componer la Sinfonía Pastoral que ahora Goshu debía interpretar con algo más que una buena técnica.

No cabe duda, la paleta de situaciones que despliega la Sexta Sinfonía es inagotable. Se trata de una de las primeras obras que narran una historia apelando principalmente a la sensación, una especie de “banda sonora” perteneciente a una visión (película) que se proyecta en la mente de la audiencia en cada nueva ejecución; llegando a picos descriptivos que nos sugieren y hasta nos permiten ver aves que cantan (aunque algunas mentes quizá podrán pintar cuadros de otro mundo para estas mismas melodías). Seguramente Beethoven habrá soñado con los cuadros de su sinfonía y es muy difícil afirmar si le habrían gustado las interpretaciones que sitúan a la misma en el Monte Olimpo –como se ve en “Fantasia” (1940) de Disney (otro filme entrañable) o como en el presente caso, la mística visión de un campesino de lejanas tierras. Lo cierto es que el maestro tenía un amor profundo por la naturaleza y seguramente se habría sentido complacido de que su obra sirviese para aleccionar a un joven músico que no terminaba de aprender… a escuchar.

30.1.07

Guía rápida para un hit musical (o secuestro cultural)

Es relativamente sencillo componer un “hit” musical. Como cualquier otra actividad, requiere un mínimo de pericia en la materia y sobretodo de la adecuada exposición publicitaria.

Pero ¡atención lector!, que no cunda el desaliento si la vida no le ha dotado de la mínima creatividad necesaria para elaborar una sencilla y pegajosa melodía destinada a mentes con actividad cerebral casi en estado de frecuencia zeta (producto del tiempo de vacaciones o del frenesí fashion que las posee). Con tener vislumbrada la manera de publicitar correctamente “su” producto o contar con las personas adecuadas para este fin, es suficiente ¡ningún óbice se interpondrá entre Ud. y el éxito soñado!

Pese al extendido mito que reza sobre la complejidad de la dinámica social, que convierte a una canción en un éxito –y tan sólo repasando la historia del Rock encontraríamos ejemplos para esta idea en “Johnny B. Good” (Chuby Checker), “Rock Around the Clock” (Bill Halley), “Satisfaction” (Rolling Stones), y un largo etcétera- lograr éxito no depende de arcanos mecanismos ocultos del subconsciente popular. No estamos hablando de crear un punto de referencia en la historia musical (como los temas mencionados), sino de gozar de un éxito, quizá un tanto más mediocre, pero que no obstante nos garantizará ser recordados por este único –los llamados one hit wonders- y aún si repetimos exitosamente la formula, mantenernos un tiempo más en el anhelado candelero.

Sin más preámbulos, estos son los criterios a seguir:

1º paso: Identificar el target. Esto es fundamental pues determina los pasos siguientes. Al contrario de la expresión artística que primeramente existe y luego encuentra sus receptores en espíritus afines, aquí la finalidad principal debe ser llegar a la mayor cantidad de personas y quedar retumbando en sus cavidades auditivas.

2º paso: Acopio de materiales. Como la heurística no es nuestra aliada y hemos descartado que las musas vendrán a socorrernos, debemos salir a “buscar” la inspiración y los elementos para nuestra “creación” en algún lugar donde estos abunden. Teniendo en cuenta la estructura de un “éxito” estándar, el mejor lugar para encontrar material seria la misma expresión popular (cumbia, folklore, etc). Pero no debemos olvidar que aunque la estructura se repite, la novedad en este caso es importante a otro nivel. Esto es, si empleamos como base el tema del año pasado y tan solo le superponemos al track un cencerro acompañando el ritmo, además de los problemas legales asegurados, no crearemos gran sensación en el público. Entonces, mientras menos esfuerzo estemos dispuestos a invertir en la creación, nuestra fuente deberá ser más desconocida. Podemos buscar, por ejemplo, en el folklore de un país vecino, de extensa variedad de ritmos, si además el país en cuestión lleva un registro de la propiedad intelectual muy reciente ¡habremos encontrado una mina de otro!

3º paso: Forzar el vínculo con el client… perdón, con la audiencia. Aunque aquí entra en acción el trabajo de publicidad, pues nuestro target siempre estará particularmente receptivo al mensaje de los tiempos (desde luego, no al mensaje original de nuestra “creación”, sino al que los portadores de la buena onda quieran indicarles que debe gustarles esta temporada), podemos ayudar a crear el vínculo de las siguientes formas:

· asegurando que nuestra creación está ligada a nuestras “raíces culturales”. Esto también aquietará a eventuales memoriosos que puedan encontrar familiaridades en nuestro sonido.

· reduciendo el tiempo de adaptación al hit. Añadir una especie de “base electrónica” (el repetitivo y machacante martillo), más allá que se trate de una cumbia, un tango o una copla; es como usar una capa de cemento de contacto, el patrón repetitivo nos garantiza que la gente seguirá escuchando una parte de la canción en su cabeza durante varias horas.

· haciendo que la letra no pase totalmente inadvertida. Si la letra original resulta demasiado “inocente”, corre riesgo de pasar indiferente, así que deberemos modificarla para que suene más picaresca y, por qué no, hasta atrevida.

4º paso (opcional): Convertir el mensaje del inversionist… perdón, del “artista” en una experiencia interactiva con el oyente. Siempre es buena idea incluir algo que el público no pueda asimilar muy fácilmente. Bastará un par de palabrejas en un idioma no muy familiar (revisar otra vez los alcances del target, probablemente no baste incluir frases en inglés y tengamos que recurrir al quechua o quichua vrg. “asna siki”, o por lo menos a un sinsentido “aserejé”) y obtendremos un importante movimiento en Internet de gente consultando sobre su significado.

Exitosas experiencias avalan este método y podríamos citar algunas de las más atrevidas (por haberse basado en temas de trascendencia internacional):

“Como has hecho” y “Way, ay, ay” por Los Tekis: Entre otros temas más, estos son los más conocidos a nivel nacional, especialmente el primero. El autor original es Rómulo Flores, los intérpretes originales, el grupo “Andino”, todos bolivianos. Pero este detalle menor no tiene incidencia en Argentina, donde muchos creen que los Tekis son los autores o quizás la identifican solamente como una “canción popular del norte” y punto. También interpretan este tema con ligeras variaciones, los Gaitán Castro en Perú.

“El chupa chichi” perpetrado por Cesar y grupo Felicidad: Originalmente titulado “El Sombrero de Saó” (ridículamente deformado por este grupo jujeño, de tal manera que pueden alegar “versión libre de un tema popular del norte”). El autor es Pedro Shimose, boliviano, el tema fue interpretado por el “Trio Oriental” y aún por artistas internacionales como el “Cuarteto Imperial”.

Una variante posible al paso 4 es decir algo en español que suene similar a otra cosa, como en el caso del rumano Vrei sa pleci dar nu ma, nu ma iei que se convirtió en “Pluma, pluma gay”. Este recurso puede generar un positivo efecto jugando con la ventaja legal de haber introducido en la nueva canción algo que no tiene nada que ver con la original. Otros temas han sido traducidos, “adaptados”, “inspirados”, re-mezclados y han tenido bastante acogida popular como “Resistiré”, “El Humahuaqueño”, o si queremos ir más atrás en el tiempo podemos mencionar a “Las palmeras”, “A los bosques yo me interno”, “Yo tengo unos ojos negros” y tantos otros que, más allá de haber reconocido a los autores originales tardíamente, en su momento dieron abundante cosecha a los “inspirados” de turno.

Es necesario, no obstante, admitir que esto no es bien visto por algunos que todavía se empeñan en llamar PLAGIO a esta actividad, sin apreciar la destreza que es necesaria para no terminar como el caso de la mundialmente famosa “Lambada” que dio a conocer el grupo brasilero Kaoma sin tener en cuenta al hacer su versión, que el tema “Llorando se fue” (título original) perteneciente al no menos famoso grupo boliviano Los Kjarkas, ya tenía registrados los derechos de autor y así Kaoma tuvo que pagar millones de dólares por su “in-versión” en el mismo. Bueno, pero ¡ánimo!, hay muchísima producción popular auténtica muy desprotegida y si aspiramos a una trascendencia moderada, no deberíamos tener ningún problema; tan sólo quizá alguna molesta voz que quiera desenmascarar nuestras acciones. Pero en todo caso no son muchas y tampoco pueden estar en todo ¿verdad? Además, por unos cuantos que nos llamen ladrones, habrán muchos más que nos gritarán ¡genio!, ¡ídolo!, ¡no te mueras nunca!, etc.

Nota: Quise en esta ocasión hacer uso de una no tan sutil ironía, para no contentarme sólo con denostar el gusto vulgar y la habilidad de los “comerciantes” que encuentran su mercado en los oídos de la masa inculta –esto aun ha provocado que los publicistas de la movida veraniega, se “autoparodien”, como se ve en las campañas de CTI y el autoproclamado “tema del verano” (refiero a este excelente artículo de Página/12)- También me impulsó la coincidencia de haber leído esta nota en el blog de Lalo Mir (La locura) y el hecho que un lector llegara “…al correr de la pluma” usando los términos de búsqueda “pagina para descargar las canciones de cesar y su grupo felicidad”.

29.1.07

...estamos de vuelta

Solamente eso. ¡Muchas gracias por los correos y comentarios en este primer mes del año que llega a su fin!

Mañana, una nueva entrada y comienzo a ponerme al día.

¡Saludos cordiales!

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