31.1.21

Bestia

Espera agazapado por la llamada al festín. Su oportunidad para atacar es una ventana que se abre ocasionalmente, pero quienes lo han visto actuar saben que la aprovecha con una eficiencia maquinal. Vive en el mismo rincón de siempre, pero se ubica a mis espaldas todo el tiempo, para que no pueda conocer su rostro.
Quienes lo han enfrentado y derrotado saben que las secuelas de la batalla son permanentes, que aquel terror una vez sentido no puede ser olvidado, pero al menos el recuerdo es incapaz de lastimar como sus fauces. Su forma no se adivina animal, sus límites parecen difusos pero son oscuros como la certeza de su presencia.
Si su infernal aliento no lo delatara cada vez que se acerca, seguramente hubiera sido su presa hace ya mucho tiempo. Ahora vivo en guardia, esperando su próximo ataque para quizá terminar con él, antes que pueda hacerlo conmigo.

12.1.21

Pliegues en el espacio nocturno

La oscuridad son techo y paredes invisibles. Pueden albergar el lugar donde el hombre se entrega a sus pasiones, pero fundamentalmente comprimen el mundo a un tamaño que excede por poco a una cabeza, al tiempo que sus confines se perfilan muy lejanos.

Tumbado frente —o de espaldas— al universo, la infinitud del espacio parece estar al alcance de la mirada y de repente todo lo que ha sucedido y lo que aún sucederá vuela a baja altura.

Los largos minutos del día vuelven por ráfagas, las risas resuenan prolongadas aunque las tristezas también parecen amplificarse y se sienten insondables.

“Todo duerme en derredor” o al menos lo aparenta, la ciudad descansa en silencio. En la última mente que se niega a descansar, se apagan destellos finales de lucidez para terminar de cerrar a los mortales aquel espacio ciego que no volverá a abrir su espesura.

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En el sínodo de dos miradas un presente sin dimensiones contiene por un segundo todo el Universo antes de plegarse y desaparecer, entre erra...