27.10.06

Hora (minutos más, minutos menos)


Mediodía. Una palabra y dos intenciones rasgadas. Muy temprano para almorzar, muy tarde para desayunar. El coordinador de ambas actividades parece no haber despertado aún, pero el ritual para empezar el día es el de cualquier otra mañana (aunque esta haya pasado ya en rigor). Café, periódico y radio. Todo en uno, ninguno con especial atención.

Ahora, cuarto de hora para las doce, según el reloj del horno microondas… Un momento surrealista contrapuesto a dos realidades contundentes: Si el tiempo volviese atrás, no lo haría por la nimiedad de quince minutos; y dos, los despertadores digitales no se reprograman solos tras un corte de energía. Si, probablemente sea un sabotaje del inconciente. Encontrarse tontamente ingenuo en la íntima soledad resulta una sensación divertida y hasta festejada, pero nunca se desea repetirla. A fin de cuentas, no deja de ser una afrenta contra la autoestima.

Diez minutos ya. Tanda comercial en la radio y dos melodías cruzan la taza y los oídos. Se asoman recuerdos de reuniones de camaradería y del momento en que, liquidados los temas populares y muy avanzada la hora, repetíamos los “jingles” de la radio acompañados de una guitarra. Ese ánimo llevaría hace años a unos amigos a finalizar la presentación de su grupo con la melodía y letras de una conocida publicidad radial, y que el público acogería con aplausos. Un homenaje para esas melodías poco estimadas y que son señaladores en las páginas de la rutina. A medida que cambian los hábitos, programas, emisoras y anunciantes, en el acostumbrado despertar, marcan hitos que podrían señalarse en una línea del tiempo, puntos de concurrencia para la memoria tras los conocidos fraseos.

…por otra parte, los “jingles” de esta hora suenan extraños y agresivos. Son diametralmente opuestos a los de las 6 de la mañana, lo cual a su vez, es perfectamente lógico en cualquier reloj de agujas.

Sin el tiempo a la vista, una ventana abierta en el monitor y sobre la mesa vaporiza la segunda taza de café (ahora sólo, más caliente, menos dulce). Suena un “Bach africano” de fondo, y pienso en la criatura que atemorizaba a Rick Wakeman durante las noches, entre sonidos recurrentes y acosadores. En la pantalla, las casillas de correo acercan publicidades y más tarea. Si no fuera por las letras amables, que afortunadamente no faltan entre otros mensajes que gritan su contenido, sería preferible perder la clave de ingreso. He's living in part of your brain, with sounds that you'll never explain… Remember his name, it's African Bach. Nada tiene mucho sentido hasta escuchar “Africa East” y “Brainstorm”, y quizás sea ese el error que cometen muchos críticos en su juicio respecto a este disco. Pero ahora “The Three Fates” se abre paso trayendo a Emerson, Lake & Palmer y un piano desbocado que luego de ocho minutos termina explotando (literalmente). No más música progresiva por ahora. Mientras unos planos reciben los últimos detalles, las hojas empiezan a salir de la impresora… creo que llevo buen tiempo total.

¿Qué hora es? La última hoja y la idea del tiempo presente por segunda vez. Menú delivery: sándwich de milanesa y papas fritas. No está mal para el último día de la semana. Tal vez mañana y pasado la comida sea algo más nutritivo. O tal vez no. Ronnie James Dio es el “último en la línea” musical.

Todo listo. De salida, el reloj del pasillo señala que quedan dos minutos para la una.

(*) Imagen: Otra más del archivo… imposible recordar de donde la bajé.

2 comentarios:

  1. Hola amigo, ¿por donde andabas?, ya se te echaba de menos. Interesante y curioso tu relato, muy descriptivo y.......ahhhh...ese toque final con Dio ¡¡me ha hecho sonreir!! ¿Rock'n'Roll Childen Baby? ;D.
    Un beso

    ResponderEliminar
  2. ¡Cuantas cosas pueden entrar en una sola hora! a pesar de empezar a media máquina se puede apreciar que te rindió bastante bien...¿eres como los autos de formula que tienen rápida aceleración? Saludo tu retorno y a ver si me contagias el deseo de volver a escribir. Un abrazo.

    ResponderEliminar