30.4.21

Sueño profundo

Aun no promediaba su vida, pero ya tenía la vista cansada. Sus días habían sido pocos y malos. Ante esto, el gozo mortal parecía insignificante y el inmortal demasiado abstracto.

Ya había decidido entregarse a la irrelevancia de un efímero paso por el mundo, cuando conoció el ímpetu del océano. Por primera vez en su vida algo lo llamaba a abandonar la conformidad de su autosuficiencia y entregarse a la curiosidad que había abandonado en la infancia.

Pero tal vez aquel primer llamado de Jemanjá resultara demasiado abrumador, porque pasó los siguientes años persiguiendo otras cimas, mientras un azul profundo colonizaba lentamente los rincones de su conciencia y hasta se presentaba mientras dormía.

En un desesperado intento por desalojar aquella obsesión, procuró por última vez abrazar la existencia que voluntariamente había despreciado, y esta vez le resultó incluso gratificante. La vida no era tan complicada como recordaba, la compasión por sus semejantes fluía naturalmente y hasta posiblemente ayudó a alguien. Pero por todo este amor profesado y recibido en su mente solo evocaba la imagen de un hormiguero, de sus filas vomitando químicos y procurando la próxima iteración de sus números.

Volver a la vida ocasionalmente puede ser un asunto dichoso —pensó—, y sin embargo resulta terriblemente destructivo de la estabilidad que solo saben edificar las lágrimas y el tiempo. El género humano no merece el reiterado quebranto del espíritu.

Entonces la decisión que había postergado ahora arrebató su voluntad: era tiempo de abandonar todo y despertar al Leviatán, o unirse eternamente con él en su profundo sueño.



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