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Desarraigos

Echar raíces es completamente natural, mientras que arrancarlas responde a veces a la voluntad. Más allá de la forma elegida para realizar la acción, el desmalezamiento conlleva violencia y muerte, una extracción que no responde solo a la obsolescencia del uso, sino principalmente a un deseo de transformación: aquello que supo brindar satisfacción y el tiempo volvió inútil, ahora demanda atención. Las raíces muertas son aquellas sobre las cuales nuestra limitada visión no puede augurar nuevos retoños, su sombra es un etéreo fantasma alimentado en sueños, una visión espectral deformada, intensamente infantil, desbocadamente ideal. Reconozco que aunque no puedo comprender, tampoco condeno a quien intenta preservar la base de su crecimiento. Solo hace lo que es natural, lo que considera opuesto al suicidio… Para mí siempre será lo otro –esa antinatural acción humana que procura conquistar las alturas en Babel pero que al mismo tiempo es deliciosamente irracional y despojada de vanidad, ...

El asiento no se debe dejar levantado

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Es extraño pensar -aunque sólo sea en tono de comedia- que para muchas mujeres hoy, la lucha relativa al reconocimiento del género pase por que los hombres no dejemos el asiento del inodoro levantado al salir del baño. No voy a extenderme más respecto a este tema pero deseo dejarles una verdad indiscutible a los hombres y mujeres que siguen esta página: tanto el asiento como la tapa deben bajarse al salir uno del baño. Para eso existen y fueron diseñados. ¿Vieron? Un motivo menos para discutir y una barrera menos en la comprensión mutua. ¡Feliz día a todas! ¡Sinceros deseos por que las diferencias sean cada vez más inofensivas y los auténticos conflictos, historia antigua! ¡ Y mientras escribo esto, el fuego del asado amenaza con ganarme, así que me retiro! Saludos afectuosos. PD: Como se que las palabras inodoro y baño invocan diferencias lingüísticas que no vienen al caso, les dejo una foto ilustrativa de mi punto.

¡Juégueselo a la quiniela!

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Sería conveniente comenzar este párrafo aclarando que no soy supersticioso. Bien, ahí está. Se podría pensar que vivimos tiempos de creciente escepticismo. Producto de la desconfianza, hemos decidido acorazarnos y desconfiar de índices oficiales, partes médicos presidenciales, vendedores de usados, “reduce-fat-fast”, “rejuvensex”, buenas intenciones, etc. Hasta el cine se esfuerza en no parecer “poco creíble”, aun si está narrando algo tan improbable como historias de superhéroes o episodios de terror. El escepticismo amenaza hoy hasta a las religiones, como consecuencia de un desencanto similar al de la confianza traicionada (a fin de cuentas la religión como institución es solo un producto humano). Pero, no obstante, las supersticiones han sobrevivido exitosamente al tiempo y a la creciente incredulidad. Gozando de cabal salud se arraigan por herencia o adquisición en el espíritu tanto de una persona promedio como también de los notables (especialmente en los que son notables por ...