El calor corrompe las ideas esta mañana. Solo habían pasado un par de minutos desde que abrí los ojos y aún seguía tendido en la cama. Me acosaba una cefalea desde la noche anterior y ahora mis esperanzas de que el sueño la disipara se habían esfumado. Concentrando mis primeras fuerzas, levantando el cuello de la almohada procedí a comprobar que el torturador seguía conmigo… Un ligero sacudón de la cabeza confirmó la sospecha y mi cabeza volvía pesadamente a su lugar. Este clima, pensaba para mis adentros, le puede arruinar la salud a cualquiera… sabía sin embargo que no era la temperatura la única responsable de los frecuentes dolores de cabeza, ya que este sumado a mi empecinamiento en no usar los anteojos recetados, me producían el cansancio que experimentaba. Entonces opté por ignorar estoicamente la molestia –¡como si fuera posible!- y me incorporé en una sola acción de la cama. Sorprendentemente aquel dolor parecía menguar al tiempo que se trasladaba a mis hombros, para desap...