7.3.06

Mateando recuerdos

En el agua que cae y en el vapor desprendido, veo nítidamente un rostro. Sin ilusión óptica alguna me descubro observando por una ventana hacia otros momentos.

Espiando tardes de estudio y noches de desvelo, contemplo entre libros y láminas a un joven luchando contra las horas y el sueño, afanoso por terminar la tarea; en ocasiones solo, en otras acompañado compartiendo la bebida que revitaliza los agotados sentidos. Veo también una ronda amigable de gente que discurre una tarde entre conversaciones, mientras comparten un paquete de galletas y las risas. Siento la sinceridad del momento, la amistad potenciada en la intimidad del ritual. Puedo observar una pareja compartiendo sus tareas y cebando sus obligaciones por turno, con especial atención a la temperatura justa y el sabor en su intensidad correcta.

Veo a la vez a una persona aprendiendo y enseñando. Dejando hervir por descuido el agua en su primera vez, vertiendo poco líquido, mucho líquido, buscando el punto adecuado… y posteriormente mostrándole a su discípulo el punto exacto y la técnica para lograr un mejor sabor. Lo veo probando combinaciones de hierbas y yerbas para quedarse finalmente sólo con la última.

En la sucesión de imágenes, se lo puede ver muy serio discutiendo ideas pero también muy animado haciendo bromas. En ronda íntima, confiesa un secreto entre sorbos y también presta su oído.

Las visiones también hacen presentes viejos desaciertos: la palabra inadecuada, la decisión tomada sin cuidado, años sin verdadero provecho, entre las fascinantes luces del siglo; pero son recuerdos que ya no duelen, observados con ojos victoriosos; de una victoria no anclada al presente fugaz, sino que halla su base en el futuro y extiende su bálsamo hasta el pasado más recóndito.

En esa ventana no solo veo, sino que revivo recuerdos de mi pasado y aún percibo un sabor más ancestral, que es figura de épocas no vividas, de historias conocidas solo por relatos y referencias pero que puedo describir casi en detalle…

…entonces bebo el primer sorbo, que se desliza en la boca y quema la garganta con su profunda esencia y temperatura. Me sumerjo en el placer del mate personal, de esa calabaza memoriosa, compañera de tantas situaciones, que en unos pocos segundos ha ayudado a reconocerme en las miradas exhibidas.

El mate es una infusión muy popular en el Río de la Plata y se logra a partir de la Ilex paraguarienses, conocida como “Yerba Mate”. Alrededor de esta, se ha formado todo un arte de cebado (acción de preparar la infusión en una calabaza) y una ceremonia que se comparte en los ámbitos más diversos y entre personas de cualquier clase social. Aunque el mayor productor es Argentina, su consumo se extiende desde el sur de Brasil, Paraguay y Uruguay hasta parte de Chile y Bolivia.

6 comentarios:

  1. Siempre había escuchado de esta bebida, por como hablan de ella tiene que ser buena. Aunque no me imagino el grado de encanto social que tenga (porque aquí no hay esa cultura). Pero algún día ire hacia Argentina y beberé maté :)

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  2. Tuve la suerte de vivir en Argentina un par de años y me envicié con el mate, el vino rojo trapal que se aligera con agua mineral.

    Buen post

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  3. Ivan: Se habla tanto del mate, porque justamente trasciende el hecho de ser solo una bebida... cuando vengas por aqui será un gustazo compartir unos mates!

    Irreverente: Bienvenido! ...y gracias por las palabras ofrecidas.

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  4. El mate, esa bebida de tu país que yo no sé a qué sabe. Me han venido ráfagas de olor de una vida, de un tiempo de juventud que fue feliz, de unos duros estudios entre libros apilados y echando pulsos al tiempo, de metas al fin logradas. Me han llegado aromas de ti, siempre acompañado por un buen mate.

    Te mando aroma de besos.

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  5. ¡Otro precioso post en que pegué el faltazo! No sabes cuanto me gusta que el simple, más bien sencillo —me corrijo porque si bien es sencillo, tiene una suerte de ritual con muchas implicaciones en sí— acto de cebar un mate pueda evocar recuerdos tan bien conservados y mejor expresados.

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  6. A mi me sucede a menudo, cuando tomo mate solo recuerdo los mates compartidos... Se que al mate como bebida se le adjudican algunas propiedades relacionadas con la memoria, pero lo más valioso indudablemente es el ritual.

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